miércoles, diciembre 08, 2010

LAS TRES MUERTES DE NIKOLAI IVANOVICH VAVILOV

Enildo Iglesias. Rel-UITA. 26 de febrero de 2004
http://www.rel-uita.org/agricultura/vavilov.htm

Hoy, cuando biólogos, ecologistas y agricultores nos alertan sobre cómo se está destruyendo ese valioso recurso que es la diversidad biológica o biodiversidad, prácticamente no se menciona a Nikolai Vavilov, un científico cuyos trabajos contribuyeron a catalogar la biodiversidad agrícola del planeta. En su condición de científico fue asesinado tres veces.

Nikolai Ivanovich Vavilov nació en Moscú el 16 de noviembre de 1886. En una vida relativamente corta, 56 años, realizó innumerables aportes teóricos y prácticos sobre el conocimiento de la distribución geográfica, el origen y dispersión de las plantas. En la primera mitad del siglo pasado Vavilov viajó durante más de veinte años por los cinco continentes recolectando semillas de plantas agrícolas, tales como maíz silvestre y cultivado, papa, granos, forraje, frutas y todo tipo de vegetales. Al mismo tiempo, recopilaba datos sobre los lugares que visitaba y sobre los idiomas y culturas de sus habitantes. Su colección de semillas llegó a ser la más grande del mundo, con alrededor de 200 mil especímenes que fueron almacenados y sembrados en más de 100 estaciones experimentales en la entonces Unión Soviética. Vavilov puso de relieve la importancia de los trabajos de selección de los agricultores, supo reconocer su cultura y otorgó el protagonismo de la diversidad agrícola en lugares alejados de la Europa del Norte, Norteamérica o Rusia, cunas de la funesta Revolución Verde.

Su primera expedición, en 1919, lo llevó a Persia y luego a las montañas de Asia Central, donde volvería años más tarde en tres oportunidades. En 1921 visitó Estados Unidos. Afganistán, Nuristán, el litoral de la mar Mediterráneo, Medio Oriente -incluyendo Siria y Palestina- y el noreste de África fueron otros de los lugares visitados por el científico. Luego les tocó el turno a China, Japón y Corea. Entre 1930 y 1931 volvió a Estados Unidos, donde recolectó especímenes en los estados de Florida y Texas y en algunas reservas indígenas. En ese mismo viaje cruzó a México y de ahí a Guatemala. Su última expedición la realizó entre 1932 y 1933, visitando El Salvador, Costa Rica, Honduras, Panamá, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Trinidad y Cuba.

En sus viajes, Vavilov registró que la biodiversidad agrícola estaba repartida de manera desigual: mientras en algunos lugares sobraban plantas, otros poco o nada tenían para ofrecer. También registró que los lugares con más biodiversidad agrícola cuentan con diferentes topografías, tipos de suelo y clima y que tienden a estar rodeados de cadenas de montañas, que evitan las invasiones de especies exóticas. También determinó que la biodiversidad agrícola proviene en su mayoría de ocho núcleos perfectamente identificables: China (donde se origina la soja), India, Oriente Próximo-Asia Central, sureste de Asia, regiones montañosas de Etiopía, México y Centroamérica (cuna del maíz), los Andes centrales (de donde proviene la papa) y el Mediterráneo. Aun hoy, esas áreas geográficas se conocen como centros Vavilov, verdaderos refugios de biodiversidad, esenciales para la alimentación humana. Por ejemplo, independientemente de donde se cultive papa o maíz, para ser viables necesitan de las variadísimas cepas que se encuentran solamente en su centro de origen.

El gobierno de la recién formada Unión Soviética, luego de la Revolución de Octubre, reconoció la importancia de las investigaciones de Vavilov -a partir de 1925 dirigió el Instituto de Botánica Aplicada y Nuevos Cultivos de San Petersburgo- también lo hizo el gobierno de Estados Unidos, al punto que en su segundo viaje a ese país se crea la primera instancia de cooperación científica entre Washington y Moscú. Un caso único en aquella época.

La primera muerte de Vavilov

Tan valorada era la colección de semillas de Vavilov, que algunos de sus colegas prefirieron morir de hambre durante el sitio de Leningrado por las tropas de la Alemania nazi, antes que comerse las semillas almacenadas en la estación experimental situada en las afueras de la ciudad. Pero Vavilov no pudo ayudar a proteger su colección, pues para esa época estaba preso en Siberia. ¿Qué había pasado?

Un seudocientífico llamado Trofim Denissovich Lysenko (1898-1976) argumentaba que el estudio de la genética era una ciencia burguesa que buscaba darle justificación biológica a las diferencias de clase, y que aplicando el materialismo dialéctico, era posible llegar al triunfo de la ciencia proletaria sobre la ciencia burguesa. La influencia de Lysenko sobre la política agraria soviética se extendió desde 1929 a 1948. Mientras Vavilov procedía de una familia acomodada, Lysenko era hijo de un campesino ucraniano, lo cual, para los dirigentes bolcheviques, lo colocaba en un sitial privilegiado. El triunfo de Lysenko encerraba su propia desgracia. Se había ganado la confianza de Stalin -a quien enviaba sus artículos científicos para que éste los corrigiera- y dentro del culto a la personalidad elaboró el "Gran Plan Stalin de Transformaciones de la Naturaleza" en el cual, entre otras cosas, prometía cambiar el clima de la URSS con la forestación de millones de hectáreas; también prometió resolver el problema del bajo rendimiento del trigo con una variedad que bautizó "trigo en rama Stalin". Nada de eso se concretó y no tenía excusas, los "saboteadores" ya no existían.

1936 marca el inicio de una campaña oficial de propaganda a favor del "lysenkismo". Bujarin deja de ser director del Instituto de la Ciencia y la Tecnología, y luego es expulsado de la Academia de Ciencias, condenado y ejecutado. Varios biólogos comunistas son arrestados y el Congreso Internacional de Genética, que debía reunirse en Moscú en 1937, fue cancelado y los genetistas denunciados como "saboteadores trotskistas". En 1938, Lisenko es designado presidente de la Academia de Ciencias Agrícolas. En 1940 Vavilov es condenado a muerte, luego se le conmutó la pena a cadena perpetua y fue deportado a Siberia... fue su primera muerte civil. Físicamente murió en 1943.

La segunda muerte

Mientras Vavilov recorría los campos del mundo en busca de las claves del origen de la diversidad agrícola, Henry A.Wallace, un mejorador de semillas estadounidense (más tarde Secretario de Agricultura de su país) promovió un enfoque totalmente novedoso para su oficio: una técnica para crear variedades de maíz con productividad excepcional. El enfoque de Wallace suponía realizar complicados cruces entre linajes afines al maíz, para tomar ventaja de un fenómeno genético conocido como "vigor híbrido", por el cual la primera generación de un cruce tiende a obtener mejores rendimientos que sus antecesores. Wallace también registró que los rasgos del alto rendimiento no eran estables. El cultivo de semillas de estos híbridos daría resultados decepcionantes, por lo que los agricultores que quisieran usar el sistema tendrían que comprar año tras año las nuevas semillas, pues la hibridación es incompatible con la antigua práctica de guardar y replantar una parte de la cosecha del último año.

La visión empresarial de Wallace lo llevó a constituir la empresa Hi-Bred Corn Company, luego convertida en nuestra conocida Pioneer Hi-Bred -hoy filial de DuPont- una de las mayores empresas productoras de semillas del mundo. Los cambios fueron fenomenales. En 1930 todo el maíz plantado (y los otros cultivos) procedía de variedades tradicionales; 35 años después, el 95 por ciento del maíz cultivado en Estados Unidos procedía de variedades híbridas. Muchas otras cosas cambiaron en esos 35 años. El trabajo humano (y animal) fue sustituido por las máquinas; las variedades híbridas, diseñadas para consumir la mayor cantidad posible de fertilizantes, llevaron a que en ese período el consumo de fertilizantes se multiplicara 17 veces en Estados Unidos. Pero el mayor cambio fue la pérdida de diversidad de cultivos. A lo largo del siglo XX más del 90 por ciento de las variedades cultivadas un siglo atrás ya no se producían comercialmente, ni se encontraban en los bancos de semillas.! Esto no ocurrió solamente con el maíz: entre las variedades de lechuga las pérdidas llegan al 92 por ciento, de las 408 variedades de guisantes mostradas en los catálogos de semilla de 1903, sólo quedan 25. Así se provocó la segunda muerte de Vavilov.

La tercera muerte

Diez años después de la muerte de Vavilov los biólogos Watson y Crick descubren el llamado ADN. En 1973 se consigue aislar genes, es decir, códigos concretos para proteínas específicas, para luego actuar sobre ellos, dando nacimiento a la biotecnología.

En 1980 se descubre cómo transferir fragmentos de información genética de un organismo a otro: surge la ingeniería genética y dos años después se crea la primer planta transgénica, una variedad de tabaco resistente a los antibióticos.

Hoy día, las plantas transgénicas están contaminando a las convencionales. Se acaba de denunciar que en 154 comunidades campesinas e indígenas de nueve estados mexicanos el maíz tradicional ha sido contaminado por el transgénico, incluyendo el Bt de Monsanto y el Starlink de Aventis, este último prohibido para el consumo humano por ser alergénico. La contaminación ha llegado a uno de los 8 centros de biodiversidad; Vavilov ha sido asesinado por tercera vez.

¿Habrá una cuarta muerte de Vavilov?

Parecería que esto no es posible, pues la próxima muerte sería la de la vida sobre la tierra. El problema -y el desafío- es que se trata de algo que no depende solamente de los campesinos. La cuestión es si todos nosotros, como consumidores, votantes y gobernantes, estamos dispuestos a dar los pasos y emprender las acciones necesarias para conservar la biodiversidad y construir un modelo agrícola sustentable.

Fuentes:
John Tuxill, "La pérdida de la biodiversidad campesina".
Kirill O. Rossianov, "Lysenco y Stalin".
ONU, 19.02.04, "Geo, América Latina y el Caribe, perspectivas del medio ambiente 2003".

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martes, septiembre 21, 2010

New Hope for Efforts to Save Vavilov’s Priceless Plant Legacy


In the early 20th century, Russian botanist Nikolai Vavilov created a preserve outside St. Petersburg that today contains one of the world’s largest collections of rare seeds and crops. Now, scientists and conservationists are waging an international campaign to save the reserve’s fields from being bulldozed for housing development.

by fred pearce

In 1929, Russian botanist Nikolai Vavilov traveled to Central Asia on one of the many seed-collecting expeditions that took him to five continents over more than two decades. In what is now present-day Kazakhstan, Vavilov — the father of modern seed banks — found forests of wild fruits and numerous cultivated varieties. Around the city of Alma Ata, he was astonished by the profusion of apple trees, writing in his journal that he believed he had “stumbled upon the center of origin for the apple, where wild apples were difficult to even distinguish from those which were being cultivated.”

Correctly surmising that this region of Kazakhstan was “the chief home of European fruit trees,” Vavilov collected the seeds of the many varieties of apple and other trees, eventually hauling them back to his scientific base in Leningrad, now St. Petersburg.


Botanist at Pavlovsk Station
Kirill Kudryavtsev/AFP/Getty Images
A botanist measures a mountain ash tree at the Pavlovsk Station in 2010.
The trees that sprouted from those seeds, and more than 5,000 other varieties of fruits and berries, now grow in a sprawling, 1,200-acre collection of fields about 20 miles south of St. Petersburg, not far from the opulent, 18th-century czarist palace of Pavlovsk. This living repository of trees and bushes — with Europe’s most extensive collection of fruits and berries — has been at the center of a dispute in recent months as a federal Russian housing agency has tried to confiscate part of the Pavlovsk Research Station to clear the land for upscale dachas for Russia’s burgeoning new elite.

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Vavilov

LA FASCINANTE VIDA DEL SEÑOR VAVILOV

Carmelo Ruiz Marrero

Periódico CLARIDAD, 7 de febrero 2003
San Juan, Puerto Rico


La diversidad biológica, o biodiversidad, es tema candente hoy día. Ecologistas, biólogos y agricultores de todas partes del mundo nos hablan de cómo este valioso recurso se está reduciendo y erosionando, comprometiendo seriamente el futuro de la agricultura y la ecología del planeta. En el esfuerzo mundial por preservar y fomentar la biodiversidad se debe dar reconocimiento a uno de los titanes de la ciencia del siglo XX, quien a pesar de ser poco conocido nos ayudó grandemente a descubrir y catalogar la biodiversidad agrícola del planeta: el geógrafo soviético Nikolai Vavilov.

En un período de dos décadas, Vavilov realizó intrépidos viajes por cinco continentes recolectando semillas de plantas agrícolas, como maíz, papa, granos, forraje, frutas y vegetales, al igual que valiosos datos sobre la geografía de los lugares que visitó y sobre los idiomas y culturas de sus habitantes.

Como resultado de sus expediciones, la colección de semillas de Vavilov llegó a ser la más grande del mundo, con alrededor de 200 mil especímenes. Estos fueron almacenados y sembrados en sobre cien estaciones experimentales diseminadas por toda la Unión Soviética. Su influencia sobre los campos de la agricultura y la biodiversidad es tan grande que los lugares de origen de las plantas más usadas en la agricultura llevan su nombre, como veremos adelante.

Su primera expedición de recolección de plantas lo llevó a Persia, de mayo a agosto de 1916. La guerra mundial estaba en pleno furor y el zar todavía gobernaba en Rusia. Su travesía, llena de vicisitudes y realizada bajo una temperatura que llegaba a los 110 grados Fahrenheit, lo llevó en por lo menos una ocasión a unos escasos cuarenta kilómetros de las líneas de combate en la frontera ruso-turca. Después fue directo a las montañas de Asia Central, a donde volvería en 1924, 1929 y 1932.

Tras el triunfo de la revolución de octubre, el gobierno de la recién formada Unión Soviética reconoció el valor e importancia de la obra de Vavilov y le dio todo su apoyo. Vavilov nunca se consideró comunista, pero entendió que su trabajo con el régimen soviético adelantaba los mejores intereses de sus compatriotas rusos y de toda la humanidad.

Su segunda expedición fue a Estados Unidos, entre mayo de 1921 y enero de 1922. Ese histórico viaje marcó la primera instancia de cooperación científica entre Wáshington y Moscú. Una de sus gestiones en ese viaje fue abrir una oficina de botánica aplicada en Nueva York, a la cual inmigrantes rusos llevaron numerosas muestras de semillas. Estas fueron llevadas a la Unión Soviética para aportar al trabajo de Vavilov.

Su siguiente travesía fue un verdadero hito de la geografía soviética: una expedición a Afganistán. Vavilov leyó todo lo que pudo sobre ese inhóspito país, y no hizo caso omiso de la advertencia que el explorador inglés Ferrier escribió en 1858: "El extranjero que quiera viajar por Afganistán deberá hacerlo bajo protección celestial, si es que desea salir ileso de ahí, y con una cabeza sobre sus hombros."

Durante la expedición, que comenzó en julio de 1924, Vavilov aprendió a comunicarse en farsi y árabe, no por una mera necesidad de viaje sino como parte de su labor investigativa. Le interesaba usar la lingüística como herramienta para averiguar los orígenes de las plantas. Comparó los nombres de granos y animales en ruso, tazdik, pushtun y kafir para ver si estos idiomas tenían términos agrícolas en común.

En el mes de octubre su ruta lo llevó a Nuristán, región recóndita cuyos recursos botánicos y agronómicos eran desconocidos por el occidente, y que además nunca había sido visitada por un geógrafo. A su regreso a casa, la Sociedad Geográfica Soviética galardonó a Vavilov con la medalla de oro N.M. Przhevalsky.

Pero viajes más espectaculares y audaces le esperaban en su futuro. Su siguiente expedición lo llevó al litoral del Mar Mediterráneo, el Oriente Medio- incluyendo Siria y Palestina- y el noreste de Africa, terrenos que en su mayoría eran entonces colonias francesas o británicas.
Su travesía estuvo repleta de todo tipo de peripecias y situaciones extrañas. En el norte de Siria se topó con guerreros anticoloniales que luchaban contra los franceses. Al conocer del propósito de su inesperada visita, trataron a Vavilov con amabilidad y le facilitaron varios especímenes agrícolas.


Vavilov fue el primer ciudadano soviético en entrar a Etiopía, donde tuvo la oportunidad de conversar con el emperador Menelik y con el famoso Ras Tafari. A través de intérpretes hablaron del trigo, de la agricultura etíope y de la revolución rusa.

En los siguientes años sus expediciones botánico-geográficas lo llevaron a más rincones del planeta. En 1929 viajó a China, Japón y Corea, y entre 1930 y 1931 recolectó especímenes en varias localidades de Estados Unidos, incluyendo los estados de Florida y Texas y reservaciones indígenas. De Arizona cruzó a México y continuó su travesía hasta Guatemala. Su última expedición internacional fue a Centro y Suramérica, entre 1932 y 1933, e incluyó paradas en El Salvador, Costa Rica, Honduras, Panamá, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Trinidad y Cuba.

Tras esa última travesía Vavilov pasaría el resto de sus días en la URSS. Pero de cualquier modo en casa tenía más que suficiente trabajo que hacer. Tenía en sus manos la responsabilidad de catalogar, estudiar y darle uso a las semillas que había conseguido, que constituían entonces la colección más grande e importante del mundo. Estas semillas fueron diseminadas a unas 115 estaciones experimentales distirbuidas por los climas variadísimos de la Unión Soviética.

Los centros Vavilov

En sus viajes Vavilov notó que la biodiversidad agrícola está repartida de una manera muy desigual. Mientras que algunos lugares rebosaban de diversidad de plantas, otros no tenían mucho que ofrecer. En el estado mexicano de Oaxaca no es nada extraño encontrar huertos campesinos de subsistencia con más variedades de maíz que todo Estados Unidos, o huertos indígenas en Perú y Bolivia con más cepas de papa que en toda Europa. Vavilov se dedicó a averiguar la causa de este fenómeno.

Concluyó que los lugares de más biodiversidad agrícola tienen variadas topografías, tipos de suelo y climas. Más importante aún, tienden a estar rodeados de cadenas de montañas que constituyen formidables barreras geográficas. Las montañas, al igual que los oceanos, son un factor de aislamiento que evita las invasiones de especies exóticas. En esta época neoliberal en la que tanto se habla de "eliminar barreras" es oportuno reconocer el rol de las barreras geográficas que protegen la integridad de los ecosistemas. Puesto de manera simple: hay barreras que protegen.

Vavilov determinó que la biodiversidad agrícola proviene mayormente de ocho núcleos identificables, que incluyen a China (de donde se origina la soya), India, Asia Central, México-Centroamérica (cuna del maíz), los Andes (de donde viene la papa) y el Mediterráneo. Hoy día botánicos y agrónomos conocen estas áreas geográficas como centros Vavilov. H aquí unos mapas que indican las localizaciones de estos centros:

http://pas.byu.edu/AgHrt100/vavilovs.htm
http://www.ukabc.org/GeneticFutures/visser/sld006.htm

Los centros Vavilov son refugios irremplazables de biodiversidad y son esenciales para la alimentación humana. El agrónomo o agricultor que quiera mejorar sus variedades de maíz u otros granos tiene que tener acceso a especímenes de sus centros de origen. Independientemente de que la papa sea cultivada en Polonia, Irlanda o Idaho, para ser viable como alimento ésta necesita de las variadísimas cepas que se encuentran solamente en su centro de origen en el altiplano andino.

Para dar un ejemplo concreto, a principios de los 70 una plaga azotó la cosecha de maíz en Estados Unidos, causando pérdidas multimillonarias. El futuro del maíz en Norteamérica parecía estar en entredicho hasta que se descubrió en el sur de México una variedad inmune a la plaga. Especímenes de ésta se enviaron de inmediato a Estados Unidos para cruzarlos con las variedades comerciales, salvando así la agricultura estadounidense de una catástrofe.

Cada Vavilov tiene su Lysenko

Tan apreciada y reconocida era la importancia de la colección de semillas de Vavilov que sus colegas científicos hicieron los más grandes sacrificios para protegerla durante la segunda guerra mundial. Durante el sitio de Leningrado algunos de ellos murieron de hambre antes que comerse las semillas almacenadas en la estación experimental en las afueras de la ciudad.

Pero Vavilov no pudo ayudar a proteger su colección pues al tiempo de la invasión nazi estaba preso por la persecución estalinista. Todo superhéroe tiene su archinémesis, su Lex Luthor personal. El de Vavilov era Trofim Lysenko, un seudocientífico políticamente correcto que argumentaba que el estudio de la genética era una ciencia burguesa que buscaba darle justificación biológica a las diferencias de clase. (En la Inglaterra del siglo XIX se le acusaba a Charles Darwin de lo opuesto, pues su teoría de la evolución supuestamente era peligrosamente egalitaria.)

Ansioso por ganarse la simpatía de Stalin, Lysenko armó toda una campaña de difamaciones e injurias contra Vavilov, aprovechando cuanta oportunidad se encontraba para obstaculizar su trabajo y denunciar su "biología contrarrevolucionaria". El 6 de agosto de 1940 Lysenko y sus partidarios lograron que las autoridades arrestaran a Vavilov y se lo llevaran al gulag. Murió en el presidio Saratov el 23 de enero de 1943.

Tras la muerte de Vavilov, su colección de semillas ya no estaba custodiada por científicos auténticos. La ortodoxia estalinista reinaba y seguidores de Lysenko campeaban por su respeto. La colección se deterioró por mal almacenamiento y por décadas de introgresión y polinización cruzada sin el debido rigor científico.

No fue sino hasta la década de los 60 que miembros de la comunidad científica soviética lograron que el premier Brezhnev deshiciera los agravios de Lysenko y se le diera a Vavilov el debido reconocimiento. En 1968 el Instituto de Botánica Aplicada de Leningrado se le cambió el nombre a Instituto Vavilov. Al tiempo del rompimiento de la URSS en 1991, la red de investigación de Vavilov estaba parcialmente restaurada y operaba 19 estaciones experimentales, cuatro de ellas fuera de Rusia.

La hazaña de Vavilov nunca fue repetida. Nadie más ha realizado un esfuerzo de similar envergadura para catalogar y clasificar la biodiversidad agrícola del planeta. Sus teorías sobre la distribución geográfica de la biodiversidad han pasado la prueba del tiempo y todavía hoy son aceptadas por biológos y agrónomos del mundo entero.

PARA MAS INFORMACION:
http://www.serve.com/ecobooks/vavilov.htm

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