lunes, febrero 14, 2005

Cegados por los genes


La comunidad científica celebró este año el 50º aniversario del descubrimiento de Watson y Crick de la estructura y función del ADN. Hubo gran cantidad de reuniones, conferencias y publicaciones especiales. Cuando fue develado el "secreto de la vida", cincuenta años atrás, hubo grandes expectativas acerca de que este memorable descubrimento nos daría la clave para comprender las leyes de la herencia... y el poder para cambiarlas. Cincuenta años después, muchos creen que hemos alcanzado ese punto. En la actualidad los científicos son capaces de trasladar genes -y los rasgos heredados que ellos codifican- con aparente facilidad entre especies, familias y reinos.

La interpretación de Watson y Crick sobre cómo la información genética se traslada y transmite es simple y directa: el ADN es la molécula maestra que contiene toda la información genética de cualquier ser viviente -sea una bacteria, un animal o un ser humano- y regula su expresión en el organismo y su transmisión a la siguiente generación. La herencia es un proceso simple y unidireccional, con el ADN como molécula maestra transmitiendo y dirigiendo las funciones biológicas de todos los seres vivientes. Los creadores de esta teoría acuñaron el "Dogma Central", y este Dogma es todavía la columna vertebral de la biología molecular actual. También es la base sobre la cual se ha construido la multimillonaria industria de la ingeniería genética.

Si los genes forman el código universal de la vida, ellos pueden seguramente ser insertados a través de una ranura dentro de plantas, animales y -sí, ¿por qué no?- humanos, para producir el efecto deseado. Los científicos comenzaron a trabajar en el desarrollo de técnicas relativas al traslado de genes. De esta manera, ahora tenemos cerdos con genes de vacas produciendo hormonas de crecimiento bovino, plantas con genes de bacteria produciendo pesticidas naturales, y bacterias con genes humanos para producir insulina. Entonces, si el truco funciona, ¿cuál es el problema?

El problema es que el truco no funciona. O al menos no lo hace en la forma en que debería. Como explica Barry Commoner en la página 6 del número de julio del 2003 de Seedling, lo incompleto del Dogma Central llegó a ser aterradoramente claro cuando la decodificación del genoma humano fue finalmente publicada en el 2001. Esta demuestra que el genoma humano entero consiste en 30.000 genes, menos de la tercera parte del número originalmente calculado teniendo en cuenta la cantidad de diferentes proteínas y rasgos heredados que tenemos los humanos. Por lo tanto, tenemos más proteínas que genes. Si este es el caso, ¿qué da las instrucciones para la construcción de proteínas que no se corresponden con un gen? La única conclusión lógica es que cada gen es responsable de un rango completo de diferentes proteínas y rasgos y/o que existen otros mecanismos regulatorios en la producción de proteínas.

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