viernes, agosto 02, 2013

15 Seed Saving Initiatives Protecting Biodiversity for Future Generations

TO READ THE FULL ARTICLE:
http://foodtank.org/news/2013/07/fifteen-seed-saving-initiatives-protecting-biodiversity-for-future-generati



The entrance of the Svalbard Global Seed Vault in Svalbard, Norway.
(Mari Tefre / Global Crop Diversity Trust)

EXCERPT:

Roughly 100,000 global plant varieties are endangered today. Extreme weather events, over-exploitation of ecosystems, habitat loss, and a lack of public awareness threaten future plant biodiversity. Conservation techniques, such as the creation of seed banks and seed exchanges among farmers, gardeners, and even nations, play an important role in preserving ancient, heirloom varieties of important food crops.
Saving seeds doesn’t only help improve agricultural biodiversity, but helps farmers and researchers find varieties of crops that grow better in different regions, especially as the impacts of climate change become evident. Many farmers groups, non-profits, and governments are conserving crops in their own communities—there are currently more than 1,000 known seed banks, collaboratives, and exchanges around the world.
The Science & Environmental Health Network (SEHN) has been spearheading work on the Rights of Future Generations for the last decade. Future Generation Guardianship is the right and obligation of all people to protect the commonwealth of Earth—and one another—today for the prosperity of Future Generations. SEHN’s dedication and public advocacy to find legal channels for the application of Future Generation Guardianship provides the framework for preserving biodiversity for centuries to come.
Food Tank is honored to collaborate with SEHN by highlighting 15 important seed-saving projects across the globe that are helping preserve global agricultural biodiversity for Future Generations. 
Many of these seed banks are nonprofit organizations, but we would greatly appreciate your recommendations of more public and state-owned banks in the comments below. Many public seed banks are in danger of sale, contamination, and other threats. Because they are such a valuable part of the Commonwealth, the public should be aware of these assets so that they can work to protect the inheritance of Future Generations.

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lunes, marzo 01, 2010

LAS SEMILLAS Y EL ARCA DE NOE

Pedro Rivera Ramos

El 28 de febrero del 2010 se cumplirán dos años de la inauguración en pleno Círculo Polar Ártico, en la remota isla de Spitsbergen, archipiélago de Svalbard, en Noruega, del centro de almacenamiento de semillas botánicas alimenticias más grande del mundo. Esta instalación llamada La Svalbard Global Seed Vault (Bóveda Global de Semillas de Svalbard), también bautizada como El Arca de Noé, por aquellos que se rinden ante la seducción de los mitológicos cataclismos bíblicos, se encuentra construida al final de un túnel a una profundidad de 130 metros, en una montaña congelada de piedra arenisca; sitio que los gestores y promotores principales de este proyecto, aseguran capaz de soportar perfectamente terremotos, actividades sísmicas, los efectos de las radiaciones nucleares y hasta un posible deshielo de los polos y de Groenlandia.

Allí, en tres salas o compartimientos divididos convenientemente, será posible contener un total de cuatro y medio millones de muestras, es decir, alrededor de 2 billones de semillas pertenecientes a las variedades de casi todos los cultivos alimenticios del mundo. Las cajas de semillas estarán guardadas y preservadas a una temperatura de 18 grados centígrados bajo cero, misma que fue alcanzada mediante un sistema novedoso y sofisticado de enfriamiento, puesto en práctica durante el difícil período de “Noche Polar”, a finales del año 2007.

Esta temperatura se mantendrá en este silo por la acción de un pequeño compresor eléctrico de 10 kilovatios, que de fallar, se prevé que sea socorrido por el permafrost ártico, que junto a la nieve y el hielo que durante gran parte del año cubren la montaña, deberán servir, ante esta posible eventualidad, para garantizar en la bóveda refrigerada una temperatura de 4 grados centígrados bajo cero, durante un largo tiempo.
No hay duda que por su impresionante y avanzada complejidad técnica, su esplendorosa belleza estética, sus medidas de contingencia y de seguridad y su objetivo de garantizar hasta por miles de años, la conservación de la diversidad cultivada del mundo, la Bóveda Global de Semillas debiese despertar en todos, en este su segundo aniversario, un sentimiento de seguridad alimenticia y de justificada felicidad universal.


Para los apasionados defensores de este proyecto, ahora los seres humanos podemos dormir más tranquilos, sabiendo que ante un desastre colosal en la producción mundial de alimentos, estaremos en condiciones virtualmente de recomenzar. “Al menos la humanidad ahora tiene un Plan B”, afirmó exageradamente hace algún tiempo, Cary Fowler, director ejecutivo de esta obra y del Global Crop Diversity Fund (Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos), entidad de carácter privado fuertemente financiada por las grandes transnacionales de las semillas y los plaguicidas, y que junto al Ministerio de Agricultura y Alimentación de Noruega y el Banco Genético Nórdico, constituyen los responsables principales de las políticas y las decisiones que se adopten, con relación a las muestras depositadas en esta bóveda.
De este modo, los depósitos de arroz, maíz, papa, lechuga, berenjena, sorgo, trigo, cebada, zanahoria, tomate, cebolla y otras especies alimenticias, provenientes en su mayor parte de muestras ya alojadas en los quince centros que conforman el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), quedan al final, en virtud de las normas establecidas para acceder a las colecciones de Svalbard, a merced de los fitomejoradores comerciales y científicos ligados directamente a los bancos de genes de los países del Norte y a las grandes corporaciones de semillas del mundo.

En realidad este proyecto que nace evidentemente inspirado en el modelo de producción agroindustrial y en la privatización de las semillas, está muy lejos de representar el “plan B” de la Humanidad para salvaguardar las bases fundamentales de la agricultura a nivel global. Es más bien, el principal o el único camino que conocen los que, plegados a una visión estática y reduccionista de la agricultura y de la conservación de las semillas, y seguidores incondicionales de la tecnología de altos insumos en la producción de alimentos, se valen de ello para reforzar los procesos de apropiación corporativa de los recursos fitogenéticos mundiales.

La conservación ex situ de las semillas, con independencia del lujo y sofisticación de las instalaciones que puedan disponerse, como ocurre en el caso de la llamada bóveda del “Arca de Noé”, no sólo se realiza al margen del hábitat original de donde proceden las mismas, lo que evidentemente las priva de la indispensable coevolución, adaptación e interacciones que en su medio natural debieran experimentar, sino que se hace despreciando el importantísimo papel que las comunidades campesinas e indígenas, han desempeñado casi desde los orígenes mismos de la agricultura, en la identificació n, recolección y mejoramiento de la diversidad vegetal.



En un mundo donde se estima que la erosión genética a la diversidad cultivada mundial, marcha a un ritmo que está superando el 2% anual y que según la FAO, en ese mismo período desaparecen un total de 50 mil variedades, no parece ni sensato ni prudente confiar excesivamente en la conservación ex situ de las semillas, como forma de proteger a los principales cultivos alimenticios en los que se sustenta toda la vida en la Tierra. Además, ya existen suficientes evidencias que demuestran que esta estrategia tiene dificultades en sus procesos de regeneración de las muestras, en la información disponible sobre ellas, en la seguridad de los bancos de genes, en la duplicación de los materiales genéticos, en el acceso a las colecciones y en la definición cabal de los verdaderos beneficiarios.

De allí que más allá de una maliciosa y tendenciosa acusación, como podría parecerle a algunos, estamos profundamente convencidos que dicho método es totalmente contrario a los intereses de los más de 1,400 millones de campesinos, que guardan sus semillas para las siembras siguientes y que para las poderosas corporaciones que lucran con ellas, sólo representan un sector estupendo para hacer negocios, es decir, para imponer sus cultivos transgénicos, la siembra masiva de plantas para producir etanol para automóviles y su sistema inhumano y perverso de propiedad intelectual.

Naturalmente que toda medida o toda acción dirigida a frenar realmente la erosión genética de los recursos vegetales, proceso que empezó a acentuarse en la década del 50 junto con la llegada de la Revolución Verde, debe recibir nuestro respaldo y estímulo sincero. No obstante, para alcanzar resultados verdaderamente alentadores en la protección y conservación de los recursos genéticos, es preciso que le concedamos a la conservación in situ, es decir, al mantenimiento de la diversidad en los propios campos y parcelas de los campesinos y pueblos indígenas, el lugar preponderante y esencial que se merece y urge.

La estrategia más eficaz es, entonces, la que fortalezca, promueva y respete los mecanismos de producción, intercambio y mejora de las semillas locales o tradicionales; la que asigne un valor significativo a los bancos comunitarios de genes; la que apoye las prácticas agrícolas campesinas e indígenas y fomente su mejoramiento; la que respete no sólo el conocimiento tradicional asociado a los cultivos, sino la que extienda un puente sólido para reencontrarnos con todo el fecundo saber agrícola, que atesoran las comunidades campesinas e indígenas. En fin, se trata de renunciar a los modelos que insisten en afianzar el monocultivo y la industrializació n de la agricultura, verdaderos responsables de la erosión genética, para establecer como norte y guía irrenunciable, que nuestra diversidad vegetal es una herencia colectiva de toda la humanidad, y así debe seguir siendo.

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viernes, marzo 21, 2008

US attempt for hegemony: Doomsday Seed Vault
Devinder Sharma
http://www.deccanherald.com/Content/Mar182008/editpage2008031758009.asp

Developing countries should not deposit their seed collections in the seed bank Global Seed Vault.

Tucked away deep inside the Arctic Circle, about 1120 kms from the North Pole, on an island in Svalbard, Norway, lies the world’s latest and most sophisticated seed bank. The 'Global Seed Vault' as the seed bank is called, is seen as a safest depository against any disaster, be it nuclear or natural.

With a capacity to store 4.5 million seed samples, the 'Global Seed Vault' was formally opened on February 26, 2008. Supporting a robust security system, the seed bank is designed more or less like a giant icebox that can store seeds for hundreds of years. The seed collections will be stored in a 'black box' kind of arrangement with the host countries/organisations having the right to draw back.

This is probably where the benign mission objectives end. We all know that the path to hell is paved with good intentions. Moreover, considering the scramble the world is witnessing to seek control over seeds and through it the entire food chain questions will continue to be posed about the real motive. Although the seed vault is being managed in a tripartite agreement between the Norwegian government, the Nordic Genetic Resource Center and the Global Crop Diversity Trust, it is being funded by some of the biggest seed corporations.

Among the donors for the Global Crop Diversity Trust are: the Swiss seed multinational Syngenta AG, Syngenta Foundation for Sustainable Agriculture, the US agribusiness giant DuPont/Pioneer Hybred, International Seed Federation, Bill and Melinda Gates Foundation, the Rockefeller Foundation, and the World Bank.

This is not the first time that security and safety alarms have been raised to collect seed resources from across the world. Some 40 years back, the United States had used the same arguments to befool the world to believe that it was housing the world’s biggest collection of plant biodiversity for reasons of safety. Developing countries were made to believe that its national interests were perfectly safe in depositing the massive plant germplasm collections in safe custody at Fort Knox.

The US Department of Agriculture (USDA) had applied the same trick. It had said that although most of the 16 international agricultural research centres (like the International Rice Research Institute at Manila, Philippines) were keeping the seed collections, there remained a possibility that someday some terrorist group will blow it up. These valuable seed collections would then be lost for posterity. Therefore there was an urgent need to keep one copy of these seed samples in safe custody. And this safe custody was obviously in the US, at Fort Knox.

To convince the world of its pious intentions, it vacated a small air base under a hilly terrain in Fort Knox and put up a gene bank. The world became reassured that its most important seed collections, some think it is more valuable than the gold reserves, were now in safe custody. No terrorist could blow it up. But it didn’t take much time for the custodian (the USDA) to claim ownership over these huge collections.

Remember the signing of the Convention on Biological Diversity (CBD) treaty at the 1992 Earth Summit in Rio. It was this treaty, which for the first time recognised plant genetic resources are a national sovereign resource. Prior to this plants and seeds were treated as a mankind’s heritage. But what is relevant to know here is that the world’s largest collection of plant germplasm, some 6,00,000 plant accessions, lying in control of the USDA are outside the purview of this treaty.

In other words, the US has wrested control over these massive plant collections. The countries from where these were collected have no control or say over these resources, nor do they get any benefit from providing these valuable resources.

The Global Seed Vault goes a step ahead. It has not only used the remoteness of the arctic polar cap to reassure the world of the genuineness of its safety claims, it has also invited some of the biggest global seed multinationals to have a direct stake. In the days to come, we will probably see some more private seed and agribusiness companies joining the initiative.

Any global initiative on biodiversity and seeds remains incomplete without the participation of India and Brazil. Both these developing countries are rich in biodiversity. But ironically, while India had no resources to build its own national gene bank in New Delhi (the National Gene Bank was built with USAID help), it is one of the donors for the Global Seed Vault. So far India has not deposited its seed collections in the doomsday vault. It has also directed the Hyderabad-based International Crops Research Institute for the Semi-arid Tropics (ICRISAT) to refrain from sending the Indian collections of the dryland seeds to the seed vault.

The 16 international agricultural research centres are at present sending copies of its collections to the seed vault. Most of the other biodiversity rich countries are adopting a more cautious and sensible wait-and-watch approach. In my understanding, developing countries need to refrain from falling once again into a visible trap. Let us not be carried away by the doomsday bug. Remember, you can be fooled once, but not always.

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jueves, marzo 06, 2008

Bóveda de Svalbard

Problemas en la Bóveda

No todos están celebrando Svalbard


La "Bóveda Global de Semillas" construida en el corazón de una montaña en Svalbard, Noruega, es desafortunadamente un avance más de una estrategia más amplia destinada a convertir el almacenamiento ex situ en el mecanismo dominante para la conservación de la diversidad de los cultivos. La bóveda crea un falso sentido de seguridad en un mundo en que la diversidad de los cultivos presentes en el campo continúa erosionándose y destruyéndose a una velocidad cada vez mayor, y aumenta los problemas de acceso que se presentan permanentemente al sistema ex situ internacional

A Contrapelo | 26 de febrero de 2008

GRAIN

Después de meses de mucha publicidad, y con el apoyo aparentemente unánime de la comunidad científica, la “Bóveda Global de Semillas” fue oficialmente inaugurada en una isla en Svalbard, Noruega. Construida en el corazón de una montaña, la bóveda es básicamente una hielera gigante con capacidad para guardar cuatro millones y medios de muestras de semillas destinadas a responder a futuras necesidades de la humanidad. La idea es que si algún desastre de grandes proporciones afecta a la agricultura mundial, como una lluvia radioactiva después de una guerra nuclear, los países podrán recurrir a la bóveda para obtener semillas y reiniciar la producción de alimentos. Sin embargo este auto-proclamado “sistema de seguridad” para la biodiversidad de la cual depende la agricultura mundial es desafortunadamente un avance más de una estrategia más amplia destinada a convertir el almacenamiento ex situ (fuera de su lugar de origen, en bancos de semillas) en el mecanismo dominante -de hecho, en el único mecanismo- para la conservación de la diversidad de los cultivos. La bóveda crea un falso sentido de seguridad en un mundo en que la diversidad de los cultivos presentes en el campo continúa erosionándose y destruyéndose a una velocidad cada vez mayor, y aumenta los problemas de acceso que se presentan permanentemente al sistema ex situ internacional.

Supuestos equivocados

Cary Fowler, el director de la Global Crop Diversity Trust y uno de los principales artífices de la bóveda, dice que la iniciativa “rescatará las colecciones de los países en desarrollo con mayor importancia a nivel mundial de los 21 cultivos alimenticios más importantes”. Aunque es ciertamente necesario rescatar y proteger la diversidad de los cultivos, ya que ésta se está perdiendo de manera irreparable y con una rapidez alarmante, el confiar exclusivamente en el almacenamiento de semillas en congeladores no es solución alguna. Hay actualmente en el mundo 1500 bancos ex situ que en conjunto son incapaces de guardar y preservar la diversidad cultivada. Miles de muestras de semillas han muerto durante el almacenamiento, muchas otras han sido inutilizadas por falta de información básica acerca de ellas y un sinnúmero ha perdido características únicas o han sido contaminadas genéticamente durante procesos de multiplicación o rejuvenecimiento.

Esto ha acontecido en todo el sistema ex situ y no exclusivamente en los bancos de germoplasma de los países en desarrollo. Por tanto, el punto no es si se está a favor o en contra de los bancos de semillas, sino que se está dependiendo exclusivamente de una estrategia de conservación que sufre de muchos problemas intrínsecos.

El problema más profundo de concentrarse exclusivamente en el almacenamiento ex situ de semillas (problema que la bóveda refuerza) es que éste es fundamentalmente injusto. Es un sistema que recolecta semillas de variedades únicas entre las comunidades que originalmente las crearon, seleccionaron, protegieron y compartieron, y que luego las almacena y las hace inaccesibles para esas mismas comunidades. Lo lógica del sistema es que a medida que las variedades tradicionales son reemplazadas por otras nuevas provenientes de estaciones experimentales -semillas que supuestamente producen más para alimentar una población creciente- las semillas antiguas deben guardarse como “materia prima” para mejoramientos genéticos futuros. El sistema se olvida de que los campesinos y campesinas son histórica y actualmente los mayores mejoradores genéticos del planeta. Para tener acceso a las semillas, es necesario estar integrado a un marco institucional que la mayoría de los campesinos del planeta ni siquiera conoce. Dicho de manera simple, el conjunto de la estrategia ex situ responde a las necesidades de los científicos, no de los campesinos.

Además, el sistema opera bajo el supuesto que una vez que las semillas de los campesinos entran a algún sitio de almacenamiento, ellan pasan a pertenecer a alguien más, y definir y negociar derechos sobre ellas -como propiedad intelectual o algún otro derecho- es atribución de los gobiernos o de la misma industria semillera. En el caso de la mayoría de los llamados bancos de semillas públicos, se dice que las semillas son del “dominio público” o que están bajo la “soberanía nacional” (que más y más se traduce en propiedad estatal). El Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), que controla 15 bancos internacionales con los cultivos alimenticios de mayor uso en el mundo, incluso creó la figura legal de un “fideicomiso”, el que ejerce sobre las arcas del tesoro que constituyen las semillas campesinas, y que controla “a nombre de” la comunidad internacional, bajo los auspicios de la FAO Sin embargo, nunca se consultó a los campesinos que inicialmente entregaron la semillas si tales arreglos eran adecuados, y se los dejo totalmente fuera de los mecanismos del fideicomiso.

La nueva Bóveda de Svalbard encaja justo como la coronación de este entramado tan defectuoso y lleno de supuestos equivocados, exacerbando inevitablemente estos problemas. Debido a que es una colección de respaldo para situaciones de desastre, eleva los riesgos a nuevos extremos. Nadie sabe con certeza si la bóveda efectivamente mantendrá las semillas vivas, y su seguridad no ha sido comprobada. Sólo unos días antes de su inauguración, la región de Svalbard fue el epicentro del mayor terremoto en la historia de Noruega, a pesar que el estudio de factibilidad para la construcción de la bóveda indicaba que “no hay actividad volcánica o actividad sísmica significative”. Pero más preocupantes que cualquier asunto técnico son los asuntos relacionados con el acceso, cuyo control está en muy pocas manos.

Problemas de acceso

La bóveda de Svalbard no está inmune frente a las enconadas controversias acerca del acceso a la invaluable biodiversidad agrícola y a sus beneficios. El gobierno noruego es el responsable último de la bóveda y se le considera actualmente una contraparte justa y confiable, pero no hay garantías de que las políticas del país no vayan a cambiar. Esto es reconocido por el mismo gobierno noruego, que ha redactado acuerdos a ser firmados con los depositarios que duran solamente diez años y que contienen cláusulas que permiten dar fin al acuerdo si determinadas políticas cambian. Quizás más importante, el gobierno noruego no tomará decisiones en forma autónoma. Las decisiones deberán tomarse en conjunto con el Global Crop Diversity Fund, una entidad privada con un fuerte financiamiento privado y emnpresarial.

Ya hay aspectos preocupantes relacionados con el acceso a la bóveda. En términos prácticos, no se podrá almacenar semillas en la bóveda, a no ser que ellas provengan de un banco de semillas que mantenga duplicados en otro banco. Más aún, los depositantes no podrán guardar semillas que ya estén en la bóveda. El Acuerdo con los Depositantes indica que “El Depositante depositará sólo muestras de regursos fitogenéticos que sean hasta donde se sepa ..... muestras de recursos fitogenéticos que aún no hayan sido depositadas en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard” y que “el Depositante reconoce el derecho del Real Ministerio de Agricultura y Alimentación de Noruega a rechazar muestras o a dar término al depósito de muestras ya depositadas si las muestran constituyen duplicados de materiales ya mantenidos en depósito en la Bóveda Global de Semillas".

La regla es que sólo los depositantes pueden acceder a sus propias colecciones en Svalbard, o dar permiso para que alguien más acceda. En la medida que las cajas con muestras de semillas del CGIAR ya están llegando a Noruega, esto implica que los centros del CGIAR serán los depositantes de la mayoría de las semillas guardadas en la bóveda, dándoles un control casi exclusivo sobre el acceso. De hecho, como indica el estudio de factibilidad de la bóveda, “se asume que la [bóveda] comenzará a operar con un núcleo consistente en los materiales del CGIAR y de ciertos bancos nacionales claves y que estas”colecciones fundadoras” (sic) desincentivarían la posterior e innecesaria duplicación de materiales en las instalaciones de Svalbard.” De los 19 institutos que se han registrado en la bóveda hasta el momento, sólo tres son bancos nacionales de semillas de países en desarrollo. La bóveda, entonces, no es una caja de seguridad para todos; es más que nada el depósito del CGIAR.

En la práctica, esto significa que muchos países en desarrollo que deseen duplicar sus colecciones en Svalbard no podrán hacerlo de manera directa. Esto se vería como una duplicación de lo que el CGIAR ya haya depositado. Por lo tanto, no tendran acceso directo a las semillas que se mantengan en la bóveda y que puedan provenir de sus propios territorios. Esto probablemente no cause muchas preocupaciones actualmente, ya que los gobiernos tienen distintas fuentes de respaldo para acceder a las semillas, pero el contexto sería muy diferente en caso de desastre mayor, donde se tomarían decisiones acerca de recursos fundamentales y únicos que de pronto sólo quedarían en Svalbard. En cuanto a los campesinos, no tienen prácticamente posibilidades de acceder directamente a las semillas en la bóveda.

Pero más allá de las posibilidades de un gran desastre, es importante preguntarse quién realmente se beneficia del sistema ex situ al cual contribuye la bóveda. En la medida en que las pocas transnacionales que ya controlan más de la mitad de los 30 mil millones de dólares que se transan en el mercado mundial de semillas están comprando los sistema públicos de mejoramiento vegetal, y que los gobiernos están abandonado los programas de mejoramiento, los beneficiarios últimos serán las mismas corporaciones que están en la raíz de los procesos de destrucción de la diversidad de los cultivos.

El mejor camino: ¡No más destrucción de la diversidad!

Si los gobiernos estuvieran realmente interesados en conservar la biodiversidad relacionada con la agricultura y la alimentación, harían al menos dos cosas. Primero, pondrían la mayor prioridad en concentrar sus esfuerzos en apoyar la diversidad en el campo y los mercados de sus países, y no apostarían exclusivamente a grandes bancos de germoplasma centralizados. Esto implica dejar las semillas en las manos de campesinos y campesinas locales, junto con sus prácticas agrícolas activas e innovadoras, respetando y fortaleciendo el derecho de las comunidades a conservar, producir, mejorar, intercambiar y vender semillas. Pero esto no ocurrirá a menos que los gobiernos cambien totalmente las políticas y reglamentaciones agrícolas y dejen de promover la industrialización y los mercados controlados por las grandes corporaciones a costa de impedir que los campesinos y campesinas alimenten libremente sus propias comunidades y países. Esto implica convertir a la soberanía alimentaria en la base de las políticas agrícolas y no continuar empujando a la agricultura por la destructiva senda de la integración global a los mercados.

Lo que la bóveda de Svalbard hace es encerrar la diversidad, para responder a una emergencia hipotética. La urgencia real, sin embargo, consiste en dejar que la diversidad siga viva hoy, en el campo, en las manos de campesinos y campesinas, y en mercados controlados por la gente y al servicio de las comunidades.

Fuente: GRAIN

Cross-section of the 'doomsday' seed vault (Image: BBC)

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Lectura adicional:

Aasa Christine Stoltz, "El mayor terremoto de Noruega afecta al Archipiélago de Svalbard”. (“Norway's biggest quake hits Svalbard archipelago"), Reuters, 21 de febrero de 2008.

http://www.reuters.com/article/environmentNews/idUSL2173668320080221

El gobierno de Noruega y la bóveda de Svalbard:

http://www.nordgen.org/sgsv/

La Global Crop Diversity Trust y la bóveda de Svalbard: http://www.croptrust.org/main/arctic.php?itemid=216

Tratado Internacional Sobre los Recursos Fitogenéticos para la Agricultura y la Alimentación

http://www.planttreaty.org/

GRAIN, " El tratado de semillas de la FAO: de los derechos de los agricultores a los privilegios de los obtentores," Seedling, October 2005.

http://www.grain.org/seedling/?id=407

Center for International Environment and Development Studies et al, “Estudio para evaluar la factibilidad de establecer un depósito de semillas ártico en Svalbard al servicio de la comunidad internacional” ("Study to assess the feasibility of establishing a Svalbard Arctic seed depository for the international community"), preparado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y por el MIMnisterio de Agricultura y Alimentación de Noruega, 14 de septiembre de 2004.

http://www.regjeringen.no/en/dep/lmd/campain/svalbard-global-seed-vault/publications.html?id=463313

Bóveda Global de Semillas de Svalbard – Acuerdo Tipo con los Depositantes (Standard Depositor Agreement.) http://www.nordgen.org/sgsv/index.php?page=depositor_guidelines&PHPSESSID=ke9gh5v9l1ef1dbeufqtq9eoq6

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martes, marzo 04, 2008

NGOs Wary of Doomsday Seed Vault
By Keya Acharya

BANGALORE, Mar 4 (IPS) - Agricultural non-governmental organisations (NGOs) working in India and elsewhere are criticising the newly-opened Global Seed Vault (GSV) at Svalbard in Norway as fundamentally unjust in its objectives.

The Barcelona-based agriculture lobby, GRAIN, with branches in major developing nations in Africa, Asia and Latin America, says a serious deficiency of the seed vault is that it deals basically with state and private-body depositors to the bank, thereby excluding the rights of poor farmers who cannot access these seeds.

GRAIN says the GSV’s ex-situ storage system takes unique plant varieties away from farming communities that originally created, selected, protected and shared the seeds. Farmers, it holds, do not know how to access the scientific and institutional framework involved in setting up the system and are excluded.

"This system forgets that farmers are the world's original, and ongoing, plant breeders,’’ GRAIN’s Asia Programme Officer, Shalini Bhutani, who is based in New Delhi, told IPS.

Negotiating intellectual property and other rights over the seeds, originally conserved by farmers, thus becomes the business of governments and the seed industry itself, she says.

Decisions on the GSV will be taken by the Norwegian government, currently regarded as trustworthy, but without guarantee that its policies will change. It has a ten-year agreement with depositors that included clauses allowing them to be terminated if policies change.

Management of the GSV is spelled out in a tripartite agreement between the Norwegian government, the Global Crop Diversity Trust (GCDT) and the Nordic Genetic Resource Centre, a cooperative effort of the Nordic countries.

GRAIN alleges that decisions on the GSV will be shared with the GCDT, a private entity with strong corporate funding which brings to the forefront all the ‘terrible controversies’ over access to and benefits from global agricultural biodiversity.

Trans-national seed corporations currently control over half of the world’s 30 billion US dollar yearly seed market, buying up many public plant-breeding programmes that have governments relinquishing control over them. "The ultimate beneficiaries will thus be the very same corporations that are at the roots of crop-diversity destruction,'' says a GRAIN publication.

But Cary Fowler, head of the Global Crop Diversity Trust (GCDT), in charge of the GSV, says such criticism ‘’seriously misrepresents the purpose and workings of the Svalbard Global Seed Vault, and portrays the GCDT in an inaccurate, misleading and unflattering manner."

"The Seed Vault has been welcomed by over 165 countries and the Food and Agricultural Organisations (FAO)’s Commission on Genetic Resources, and it is already being used by developed and developing countries and by NGO seed savers (though not by corporations)", said Fowler in an e-mail interview with IPS.

The GSV built into the Arctic permafrost, with a natural temperature of minus 6 degrees centigrade, some 1,000 km away from the North Pole, has three cold rooms further cooled to minus 18 degrees C and is capable of storing 4.5million batches of seeds.

Should some major disaster hit world agriculture, such as a nuclear war or a natural disaster, countries could turn to what is popularly referred to as the ‘doomsday vault’, to pull out seeds and restart food production.

But there are many who are unhappy with the GSV continuing with existing in the science of agricultural conservation.

The Bangalore-based GREEN Foundation, which won the United Nations’ Equator Prize in 2004 for its work on seed conservation on farms through community seed-bank networks, run mainly by women, says the vault’s claim to protect genetic biodiversity is more ‘illusion than reality’.

"It is already a decade since the UNCED in Rio de Janeiro and the Convention on Biological Diversity (CBD) realised that gene banks had their own limitations, starting from major power breakdowns, to excluding farmers’ access to these banks, to realising that seeds conserved under freeze conditions did not evolve when grown under changed environmental conditions," Vanaja Ramprasad, founder-director of the GREEN Foundation told IPS. "It is a sad commentary on the science behind the assumption that the world’s food is secure inside a freezer,’’ she said.

NGOs like Green Foundation, GRAIN and the Hyderabad-based Deccan Development Society believe that involving farmers to grow seeds in their field, conserve and exchange these with others is the most secure method of conserving genetic diversity and resources.

In the last ten years, says Ramprasad, there have been worldwide efforts to collect germplasm and conserve them on farmers’ fields, breaking the notion that germplasm was meant only for breeding purposes. "This reinforced the fact that in situ conservation of germplasm was not only the food security of millions of the world’s population, but also identified as imperative to food sovereignty," she said.

The Hyderabad-based Deccan Development Society (DDS), working in rural empowerment of poor dalit (the lowest caste in India’s social hierarchy) women, and conserving indigenous cereals such as millets, does not believe that the scientific community can save crop diversity by cold-storage systems.

"Global seed wealth can survive only in the farms and homes of global rural communities. The GSV takes away these seeds from the farmer and breaks the first link in the food chain," says P.V. Satheesh, founder of DDS.

A depositor in the GSV currently is the Consultative Group on International Agricultural Research (CGIAR), run under the FAO and has approximately 15 global gene banks holding the world’s most widely-used food crops, under a legal trusteeship arrangement on behalf of the international community.

GRAIN faults CGIAR’s system as having excluded farmers totally from the trusteeship, a system being linked with the GSV which will give the CGIAR ‘almost exclusive’ access to the vault’s deposits.

Accessions from India and Asia are part of the collections from India’s Rice Research Institute and from the Hyderabad-based International Crop Research Institute for Semi-Arid Tropics (ICRISAT), under the aegis of CGIAR, that are to be locked in the GSV. "This vault is more the need of the life-sciences industry, known for its ‘pirating’ of farmers’ material and traditional knowledge,’’ said GRAIN’s Bhutani.

An ICRISAT press note says that the organisation’s participation in the duplicate conservation of seeds in the vault gives increased protection to global agriculture from climate change. But the seeds or germplasm to be transferred by ICRISAT are those of hardy dryland sorghum, pearl millet, chickpea, pigeonpea, groundnut and six small millets that can withstand climate change.

Bhutani says that there are methods of conservation that should be adopted along with this strategy, adding that there is nothing on offer to believe that Svalbard will be invincible in its protection.

ICRISAT has given examples of protection offered through its 1,400-odd genebanks currently in operation in various countries. It says sorghum germplasm lost during civil wars in Ethiopia and Rwanda was replenished from the collection stored in its genebanks.

GRAIN recommends that governments first support their national farmers and markets, rather than international gene banks, leaving seeds in the hands of local farmers with their innovative farming and seed-exchange practices. Developing countries with agro-biodiversity assets need to safeguard their farmers’ interests before agreeing to corporate-controlled agricultural agreements, it said.

Fowler said the GCDT endorses the view that ex-situ and in-situ conservation are complementary.

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sábado, marzo 01, 2008






Svalbard's Doomsday Vault: The Global Seed Vault Raises Political/Conservation Debate Download PDF Download PDF (228 KB) - about 41 seconds on a 56k modem

The swarm of media attention focusing on today's opening of the Global Seed Vault in Norway's high Arctic may overshadow an even bigger news story. Yesterday, 26 February, the Norwegian government pledged to give 0.1% of money spent on commercial seed sales to support Farmers' Rights, and challenged other governments to do the same. The critical message is that even the most secure gene bank storage is not the ultimate solution. Governments must provide support to farmers to improve local conservation and breeding, and help them obtain access to far away seed accessions. Global food security depends upon a coherent in situ (on-farm) and ex situ (gene bank) strategy. The need to support farmers' on-farm conservation and breeding work is urgent.

On the occasion of the opening of the Global Seed Vault in Svalbard, Norway, ETC Group releases a new Communiqué, "Svalbard's Doomsday Vault: The Global Seed Vault Raises Political/Conservation Debate."

Issue: The opening of the Global Seed Vault in Norway's high Arctic February 26 closes a 30-year campaign for a World Gene Bank - and opens an overdue debate on the State of the World's Plant Genetic Resources and the need to support on-farm conservation strategies.

Stakes: Less than a third of the 6.5 million seed samples now in storage are probably unique. Of these, perhaps two-thirds are in urgent need of regeneration. While the Global Seed Vault is a step in the right direction, many vital ex situ gene banks are in desperate straits. As much as half of the world's crop diversity may still be in farmers' fields protected only by the family and the community.

Policies: Serious work is needed on the implementation of the rolling plan of action for the conservation of plant genetic resources. The next meeting of the Governing Body for the FAO Treaty should devote special attention to the issue of in situ conservation and the urgent need for a financial facility to support this conservation. The Governing Body should also address the issue of accession duplication as it relates to the Global Seed Vault. Later this year, ETC Group will release additional studies that examine the relationship between the Global Crop Diversity Trust and the International Seed Treaty.

Forum: Agriculture is on the agenda of the UN Commission on Sustainable Development in May and at the UN Convention on Biological Diversity in Bonn in May. Although the Governing Body of the FAO Treaty won't meet until early 2009, the opening of the Global Seed Vault affords an opportunity for governments and farmers' organizations to commit to establishing a long-term strategy for the conservation and utilization of plant genetic resources on the farm.






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