miércoles, enero 27, 2016

Pat Mooney, Executive Director of the ETC Group



Pat Mooney has more than four decades experience working in international civil society, first addressing aid and development issues and then focusing on food, agriculture and commodity trade. In 1977 Mooney co-founded RAFI (Rural Advancement Fund International, renamed ETC Group in 2001). He received The Right Livelihood Award (the "Alternative Nobel Prize") in the Swedish Parliament in 1985 and the Pearson Peace Prize from Canada's Governor General in 1998. He has also received the American "Giraffe Award" given to people "who stick their necks out."

The author or co-author of several books on the politics of biotechnology and biodiversity, Pat Mooney is widely regarded as an authority on issues of global governance, corporate concentration, and intellectual property monopoly. Although much of ETC's work continues to emphasize plant genetic resources and agricultural biodiversity, the work expanded in the early 1980s to include biotechnology. In the late 1990s, the work expanded more to encompass a succession of emerging technologies such as nanotechnology, synthetic biology, geoengineering, and new developments in genomics and neurosciences.

http://www.etcgroup.org/users/pat-mooney

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domingo, marzo 07, 2010

Ponencia de visionario canadiense Pat Mooney

La FAO contaminada transgénicamente

"Lo que atestiguamos aquí es la contaminación de la FAO a manos de las empresas transnacionales y la cobardía de la FAO para abordar este tema como organización del sistema de Naciones Unidas, y eso es absolutamente inaceptable."

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sábado, marzo 06, 2010

Evitar antecedentes

Sin maíz no hay humanidad, según afirmó el director del grupo ETC

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La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) está “contaminada transgénicamente” por su cercanía con las semilleras internaciones, y eso se puede considerar una “tragedia” para la humanidad.

Así se expresó ayer en Guadaljara Pat Mooney, premio Nobel Alternativo y director ejecutivo del Grupo ETC, en las actividades paralelas a la Conferencia sobre Biotecnologías Agrícolas en los países en Desarrollo.

Mooney recordó que en los últimos meses unas 1500 organizaciones sociales de todo el mundo le enviaron una carta al Secretariado General de la FAO para advertir sobre el “crimen de lesa humanidad” que vive México con los cultivos de maíz transgénico, y la respuesta que obtuvieron fue que no era posible intervenir en un “asunto nacional”.

“Y después, la FAO viene a México, aquí a Guadalajara y realiza una conferencia sobre la biotecnología en cultivos”, se lamentó el activista. Además de eso, vale recordar que el organismo mundial impidió la participación en las conferencias de organizaciones mexicanas como la Unión Nacional De Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA).

En su intervención, Mooney habló además de las crisis mundiales como una oportunidad para las grandes industrias, las consecuencias de las llamadas Asociaciones Público-Privadas y la tendencia al monopolio entre las corporaciones transnacionales del sector.

“A lo largo de los últimos 35 años, después de la última gran crisis alimentaria, lo que ocurrió fue que pasamos de alrededor de 7000 diferentes empresas semilleras en el mundo, que abastecían de semillas a los agricultores, a sólo cuatro empresas que controlan más de la mitad del mercado mundial de semillas”, graficó el especialista.

Las diez empresas más grandes controlan dos tercios del mercado mundial de semillas comerciales y las firmas químicas más importantes pasaron de 65 a nueve, que hoy controlan el 90% del mercado mundial de pesticidas, según Money. “Y del mismo modo, las grandes empresas se han apropiado del mercado de la medicina veterinaria y del mercado de la genética del ganado”, agregó.

Las soluciones planteadas originalmente para llegar a esta situación no fueron tales. “¿Han notado ustedes cuán exitosas han sido las empresas? En 1996 había 400 millones de hambrientos en todo el mundo. El año pasado, durante la última cumbre sobre alimentación, se contabilizaban mil millones de hambrientos en el planeta”, ironizó el director del Grupo ETC.

Para Mooney, si los campesinos mexicanos pierden la batalla que están librando en defensa del maíz las consecuencias serán fatales, “Si ustedes pierden la batalla en el centro de origen del maíz, entonces perderemos los centros de origen de la diversidad agrícola en todo el mundo. No podemos ganar si ustedes pierden. Ustedes no sólo están luchando en defensa del maíz, no sólo están luchando contra Monsanto. Están luchando contra los nuevos “amos de la biomasa” y contra los nuevos controles que ellos proponen sobre las nuevas tecnologías. Todos dependemos de ustedes”, concluyó.

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lunes, diciembre 22, 2008

Problemas, fascinaciones y oportunidades, por Pat Mooney

Hace 30 años la humanidad tenía un problema, la ciencia tenía una fascinación y la industria tenía una oportunidad. Nuestro problema era la injusticia. Las masas de hambrientos crecían y al mismo tiempo la cantidad de campesinos y agricultores menguaba. La ciencia, mientras tanto, estaba fascinada por la biotecnología, la idea de que podríamos manipular genéticamente los cultivos y el ganado (y la gente) para insertarle características que supuestamente superarían todos nuestros problemas.

La industria de los agronegocios vio la oportunidad de extraer las enormes ganancias latentes en toda la cadena alimentaria. Pero el sistema alimentario tremendamente descentralizado les impedía llenarse los bolsillos. Para remediar esta enojosa situación había que centralizarlo.

Todo lo que la industria tuvo que hacer fue convencer a los gobiernos de que la revolución biotecnológica podía poner fin al hambre sin hacer daño al ambiente. Pero, dijeron, la biotecnología era una actividad con demasiado riesgo para pequeñas empresas y demasiado cara para investigadores públicos. Para llevar esta tecnología al mundo, los fitomejoradores públicos tendrían que dejar de competir con los fitomejoradores privados. Los reguladores y controles antimonopolios tendrían que mirar para otro lado cuando las empresas de agroquímicos se apoderaran de las empresas de semillas, que a su vez compraron otras empresas de semillas. Los gobiernos tendrían que proteger las inversiones de las industrias otorgándoles patentes, primero sobre las plantas y luego sobre los genes. Las reglamentaciones de inocuidad para proteger a los consumidores, ganadas arduamente en el transcurso de un siglo, tendrían que rendirse ante los alimentos y medicamentos modificados genéticamente.

La industria obtuvo lo que quiso. De las miles de compañías de semillas e instituciones públicas de mejoramiento de cultivos que existían 30 años atrás, ahora sólo quedan 10 trasnacionales que controlan más de dos tercios de las ventas mundiales de semillas, que están bajo propiedad intelectual. De las docenas de compañías de plaguicidas que existían hace tres décadas, 10 controlan ahora casi 90 por ciento de las ventas de agroquímicos en todo el mundo. De casi mil empresas biotecnológicas emergentes hace 15 años, 10 tienen ahora los tres cuartos de los ingresos de esa industria. Y seis de las empresas líderes en semillas son también seis de las líderes en agroquímicos y biotecnología.

En los pasados 30 años, un puñado de compañías ganaron el control sobre una cuarta parte de la biomasa anual del planeta (cultivos, ganado, pesca, etcétera), que fue integrada a la economía de mercado mundial.

Actualmente, la humanidad tiene un problema, la ciencia tiene una fascinación y la industria tiene una oportunidad. Nuestro problema es el hambre y la injusticia en un mundo de caos climático. La ciencia tiene una fascinación con la convergencia tecnológica a escala nanométrica, que incluye la posibilidad de diseñar nuevas formas de vida desde cero. La oportunidad de la industria radica en las tres cuartas partes de la biomasa del mundo que, aunque se usa, permanece fuera de la economía de mercado global.

Con la ayuda de nuevas tecnologías, la industria cree que cualquier producto químico que hoy es fabricado a partir del carbono de combustibles fósiles puede hacerse a partir del carbono encontrado en las plantas. Además de cultivos, las algas de los océanos, los árboles de la Amazonia y el pasto de las sabanas pueden ofrecer materias primas (supuestamente) renovables para alimentar a la gente, hacer combustibles, fabricar aparatos y curar enfermedades, a la vez que eludir el calentamiento global. Para que la industria haga realidad esta visión, los gobiernos deben aceptar que esta tecnología es demasiado cara. Convencer a los competidores de que corren demasiado riesgo. Hay que desmantelar más reglamentos y aprobar más patentes monopólicas.

Y tal como ocurrió con la biotecnología, las nuevas tecnologías no tienen por qué ser socialmente útiles o técnicamente superiores (es decir, no tienen por qué funcionar) para ser rentables. Todo lo que tienen que hacer es eludir la competencia y las alternativas y coaccionar a los gobiernos para que se abandonen a su control. Una vez que el mercado está monopolizado, poco importa cuáles son los resultados de la tecnología.+

Pat Mooney

Premio Nobel Alternativo y director del Grupo ETC

El texto prologa el informe "¿De quién es la naturaleza?: el poder corporativo y la frontera final en la mercantilización de la vida", disponible en www.etcgroup.org

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