martes, octubre 30, 2007

Eat your words, all who scoff at organic food
Jon Ungoed-Thomas
The Sunday Times, October 28 2007

ITS unassuming location belies its importance. Sandwiched between Hadrian’s Wall and the busy A69 road to Newcastle upon Tyne is a 725-acre farm that will help to determine the nation’s future eating habits.

In a unique experiment, its rolling pastures and ploughed fields have been split into two so that conventional and organic produce can be grown side by side. It has enabled scientists to test the alternative foods rigorously and answer a question that most shoppers ask themselves on a regular basis: is buying organic better for you?

Findings from the GBP12m European Union-funded project, the biggest of its kind and the first to investigate systematically the physiology of produce from the different farming techniques, will be peer reviewed and published over the next 12 months.

But already one conclusion is clear: organically produced crops and dairy milk usually contain more 'beneficial compounds' - such as vitamins and antioxidants believed to help to combat disease.

'We have a general trend in the data that says there are more good things in organic food,' said Professor Carlo Leifert, leader of the QualityLowInput-Food (QLIF) project. 'We are now trying to identify the agricultural practices that are responsible for this.'

The research has shown up to 40% more beneficial compounds in vegetable crops and up to 90% more in milk. It has also found high levels of minerals such as iron and zinc in organic produce.

The findings from the farm, which is part of Newcastle University, appear to conflict with the official government advice that buying organic food is a lifestyle choice and there is no clear evidence that it is 'more nutritious than other food'.

The new research comes after a seven-year stand-off between the Food Standards Agency (FSA) and the organic sector over the nutritional benefits of organic food. Lord Krebs, the FSA's first chairman, even said that organic food may not be good value for consumers.


Official: organic really is better
Jon Ungoed-Thomas
The Sunday Times, October 28 2007

THE biggest study into organic food has found that it is more nutritious than ordinary produce and may help to lengthen people's lives.

The evidence from the GBP12m four-year project will end years of debate and is likely to overturn government advice that eating organic food is no more than a lifestyle choice.

The study found that organic fruit and vegetables contained as much as 40% more antioxidants, which scientists believe can cut the risk of cancer and heart disease, Britain's biggest killers. They also had higher levels of beneficial minerals such as iron and zinc.

Professor Carlo Leifert, the co-ordinator of the European Union-funded project, said the differences were so marked that organic produce would help to increase the nutrient intake of people not eating the recommended five portions a day of fruit and vegetables. 'If you have just 20% more antioxidants and you can’t get your kids to do five a day, then you might just be okay with four a day,' he said.

This weekend the Food Standards Agency confirmed that it was reviewing the evidence before deciding whether to change its advice. Ministers and the agency have said there are no significant differences between organic and ordinary produce.

Researchers grew fruit and vegetables and reared cattle on adjacent organic and nonorganic sites on a 725-acre farm attached to Newcastle University, and at other sites in Europe. They found that levels of antioxidants in milk from organic herds were up to 90% higher than in milk from conventional herds.

As well as finding up to 40% more antioxidants in organic vegetables, they also found that organic tomatoes from Greece had significantly higher levels of antioxidants, including flavo-noids thought to reduce coronary heart disease.

Leifert said the government was wrong about there being no difference between organic and conventional produce. 'There is enough evidence now that the level of good things is higher in organics,' he said.


Tomado del último boletín del WRM

El Instituto Forestal Europeo elige ignorar los efectos sociales “abrumadoramente negativos” de los árboles transgénicos

El Instituto Forestal Europeo (EFI) se declaró recientemente a favor de la investigación en árboles genéticamente modificados, o transgénicos. Varias de las 131 organizaciones miembros del EFI (que consisten en institutos de investigación, universidades y empresas) investigan en árboles transgénicos. Entre 2004 y 2006 el presidente del EFI fue François Houllier, director científico del Instituto nacional francés de investigación en agricultura (INRA), que también realiza investigacioens en árboles transgénicos. Otros miembros del EFI que tienen que ver con la investigación en árboles transgénicos son el Instituto finlandés de investigación forestal (METLA) y el Centro federal de investigaciones en silvicultura y productos forestales (BFH) de Alemania.

La declaración del EFI a favor de la ingeniería genética comienza diciendo que la investigación en árboles transgénicos es necesaria “Para brindar información y datos científicos sensatos e imparciales a las autoridades públicas pertinentes”. Esto podría tener sentido si no fuera porque la investigación en árboles transgénicos que se está llevando a cabo no es ciencia “neutral” destinada a brindar información a las autoridades públicas. La investigación en árboles transgénicos se hace para la industria, principalmente la industria de la pulpa y el papel pero cada vez más la de los biocombustibles.

La declaración del EFI se elaboró luego de una discusión interna que llevó dos años. En 2005 el Instituto encargó un documento de discusión que se llamó "Biotechnology in the Forest? Policy Options on Research on GM Trees" (¿Biotecnología en el bosque? Opciones de política sobre la investigación en árboles transgénicos). El principal autor del documento es David Humphreys, docente de Política Ambiental de la Universidad Abierta y autor de "Logjam: Deforestation and the Crisis of Global Governance" (Logjam: Deforestación y la Crisis de la Governanza Mundial).

El documento declara que “No surgen argumentos claros e inequívocos ni a favor ni en contra de los árboles transgénicos” pero al mismo tiempo presenta varios argumentos de fuerza contra la plantación comercial de árboles transgénicos y por lo tanto contra la investigación continuada en árboles transgénicos.

“Los árboles viven más que los cultivos agrícolas”, declara el documento, “lo que significa que pueden ocurrir cambios en su metabolismo muchos años después de plantados. Al mismo tiempo, los árboles son distintos de los cultivos pues en su mayor parte no están domesticados y además el conocimiento científico sobre los ecosistemas de los bosques es escaso en comparación con el conocimiento sobre los ecosistemas agrícolas. Los riesgos potenciales ecológicos y de otra índole asociados con los árboles transgénicos podrían ser mayores que los de los cultivos transgénicos”.

El documento señala la amenaza que los árboles transgénicos suponen para los bosques (aunque la preocupación parece ser más bien el impacto sobre la industria forestal más que los bosques y las personas): “A largo plazo, el uso de árboles transgénicos podría perjudicar gravemente al propio sector forestal debido a la contaminación genética, que redunda en bosques más débiles y cada vez menos capaces de resistir presiones naturales como los ataques de las plagas que se han vuelto resistentes a los insecticidas producidos por los árboles transgénicos”.

Debido a las patentes necesarias en la investigación científica, los árboles transgénicos serán caros. La producción y comercialización de árboles transgénicos es un proceso oneroso y muy especializado. El documento señala que “Si el uso de árboles transgénicos se vuelve popular y general, es probable que el propio sector forestal se vuelva cada vez más dependiente de las empresas de biotecnología y de semillas transgénicas”.

La introducción de nuevas tecnologías genera ganadores y perdedores. Entre los ganadores de la introducción de los OGM en el sector agrícola “se cuentan grandes empresas semilleras y de transgénicos, mientras que entre los perdedores hay muchos pequeños agricultores”, señala el documento. Los cultivos transgénicos estériles hacen que los agricultores tengan que comprar nuevas semillas cada año. Las semillas son más caras porque incluyen las regalías a las empresas que desarrollaron la especie transgénica. “El resultado neto es un flujo de ingresos de los agricultores pobres del Sur hacia las ricas empresas del Norte y muchos pequeños productores rurales obligados a salir del negocio.”

Muchas de las empresas y organizaciones de investigación que promueven la tecnología de los árboles transgénicos están en el Norte. Pero las plantaciones de árboles transgénicos, si es que se establecen, estarán más que nada en el Sur global. “Lo más probable es que el resultado sea la desigualdad social”, se señala en el documento del EFI, “tanto en la división del riesgo, que recaerá sobre todo en los países del Sur, como en la división de los beneficios financieros, que serán principalmente para el mundo industrializado”.

Humphreys y sus colegas señalan que los impactos de las plantaciones de árboles transgénicos serían similares a los de las grandes plantaciones industriales de árboles que ya se han establecido en el Sur: “Las plantaciones de árboles en el Sur han tendido a abusar de la tierra y los recursos hídricos disponibles y a contaminar el medio ambiente circundante con fertilizantes y plaguicidas. Puede esperarse que las plantaciones de árboles transgénicos impongan exigencias aun mayores al medio ambiente, puesto que las variedades transgénicas se modifican para que crezcan más rápido”.

El documento concluye afirmando que “Los árboles transgénicos tienen beneficios económicos y ambientales considerables pero también desventajas económicas y ambientales potencialmente graves. Los efectos sociales de la introducción de árboles transgénicos que se anticipan son abrumadoramente negativos. La situación legal de los árboles transgénicos no es clara. Toda la cuestión de la introducción de los árboles transgénicos plantea graves preguntas éticas que no tienen respuestas obvias”.

La explicación de esta decisión del EFI de apoyar la investigación en árboles transgénicos puede estar en el documento de discusión del EFI de 2005. “La mayoría de los científicos expertos en transgénicos trabajan para institutos de investigación y empresas industriales”, señala el documento. “Podría aducirse que estos científicos tienen un interés creado en enfatizar los beneficios de la biotecnología y minimizar los riesgos asociados”.

Una oración de la conclusión del documento de discusión brinda un argumento claro e inequívoco contra los árboles transgénicos: “Los efectos sociales de la introducción de árboles transgénicos que se anticipan son abrumadoramente negativos”. Al apoyar la investigación en árboles transgénicos, EFI está ignorando esos efectos sociales abrumadoramente negativos.

Por Chris Lang,

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Seedling October 2007

New from GRAIN
October 2007


The Seedling October 2007 issue is now available online.

As well as our panel discussing "What's wrong with rights?" (see other email), we also:

- interviewed Darrin Qualman who provides an insightful economic view of the realities of industrial farming - a system dependent on subsidies and debt, with little profit for most farmers, yet large profits for those who supply farmers with inputs (such as fuel, seeds and fertilisers) and those who buy from farmers (such as food processors and supermarkets). A must read.

- wrote an article on how hybrid rice continues to be pushed on farmers, not so much for any benefits for the farmer, but as a way of ensuring farmers buy seeds from companies. This article also includes a table of corporate activity which we will continue to update within our hybrid rice blog

- wrote a short piece on EC directive 98/95/EC which had brought some hope to small-scale farmers in Europe, but in the end it was all for nothing.

- reviewed three films of interest: "Squeezed" a film about the cost of free trade in the Asia-Pacific region; and two short films about fisherfolk in Canada (which you can view a short clip online)

- wrote about two projects that GRAIN has been involved in this year: the information and outreach external evaluation; and a study on whether and how it could be possible to set up a special funding mechanism for those who have difficulty getting support for their work in defending agricultural biodiversity.

In this issue...

W e are devoting more than half of this edition to an issue that is of growing concern to GRAIN: what is wrong with rights? At first sight, it would seem uncontroversial to be in favour of rights. Indeed, few of us would disagree with the rights enshrined in the Universal Declaration of Human Rights. To cite just three of the 30 articles: “All human beings are born free and equal in dignity and rights. They are endowed with reason and conscience and should act towards one another in a spirit of brotherhood”; “Everyone has the right to life, liberty and security of person”; “No one shall be subjected to torture or to cruel, inhuman or degrading treatment or punishment.” When the declaration was unananimously approved by the United Nations in December 1948, it seemed like a landmark in the struggle against oppression.

Yet almost 60 years later there is growing unease among social movements about the way in which “rights” are being appropriated by neo-liberalism and multinational corporations. There is widespread concern that that the “right” to property is being enforced at the expense of more important individual and communal rights. To understand better what is going on we decided to invite partners from many different parts of the world to share their concerns in a panel discussion.

The contributions strikingly illuminate the diversity of ways in which people look at the living world and relate to it and to its resources. One of the main problems with the “rights” discourse in its current form is that it attempts to impose on all these different realities a single conceptual framework that is framed by capitalist logic. There is perhaps a corollary to this: rather than search for a single alternative to the “rights” discourse, diverse communities should develop their own distinct response that makes sense for their reality. This is a fascinating and complex issue to which we shall return in later editions of Seedling.

Food as nutrition not commodity

In this edition we reach “Q” in our list of interviewees. In a wide-ranging and incisive interview, Darrin Qualman, from Canada’s National Farmers Union, demonstrates graphically the extent to which giant corporations are disempowering and bankrupting Canadian farmers. Despite the bleakness of his analysis, his vision for the future is heartening. He believes that our global food system as currently ordered is doomed, rendered unsustainable by its voracious consumption of the world’s resources. His solution? Rather than competing against each other in a senseless race to the bottom, artifically created by corporations, farmers all over the world need to start thinking once again of food as a source of nutrition and sustenance and to re-connect with old ideas about fertility, knowledge, labour and community. This is a very similar to the message we are hearing from local farmers in Africa, Asia and Latin America.

We have a short article on further developments within the European community to curtail the rights of peasant farmers, particularly their right to save and exchange seeds. We also have an update on the global drive to promote hybrid rice, looking particularly at its role in the consolidation of corporate control over seeds. Because of the importance of this issue, we are running a hybrid rice blog (, which is is an interactive forum where readers are invited to post information, comments, questions and suggestions.

Corporate control over farming and resistance to it emerges as the underlying theme of this edition. Corporations are fast developing the discourse (see our panel discussion on rights), the legislation (see the article on the EU seed directive), the tools (see the article on hybrid rice) and the marketing strategy (see the interview with Darrin Qualmin) to boost their profits and to extend their empire. Yet, as is also apparent to varying degrees in these articles, awareness that the corporate strategy for world domination is unsustainable and ultimately self-defeating is also increasing, fuelled in part, as Darrin Qualmin makes clear, by the escalating environmental crisis.

The editor


lunes, octubre 29, 2007

Colonialismo de soja

Boletín 261


Elizabeth Bravo

El Cono Sur es la zona de mayor extracción de soja a nivel mundial, tanto transgénica como no transgénica. En 2004-2005 se plantaron 36,5 millones de hectáreas. Las hectáreas plantadas en el Cono Sur representan el 42% del área sembrada a nivel mundial.

Nos preguntamos: "¿cómo ven las transnacionales al Cono Sur?". Para estas corporaciones la soja no conoce fronteras, si tuviésemos que dibujar un mapa ubicaríamos a la "República Unida de la Soja" donde se incluiría a Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay.

¿Quién se beneficia y quién se beneficia con esta gran expansión de la soja en el Cono Sur?

Según versiones oficiales nos podemos señalar que la soja ha fomentado un crecimiento económico en la región, pero nos quedaría por ver cuál es el costo social y ambiental al cual nos conduce dicho modelo.

Las zonas deforestadas y áreas afectadas por las plantaciones de monocultivos de soja en estos países son muy extensas. Las proyecciones vistas por la WWF hacia el futuro son que: en Brasil, se llegarán a deforestar entre 70 y 100 millones de hectáreas entre Chaco, Mata Atlántica y bosques tropicales; en Argentina se llegarán a deforestar 25 millones de hectáreas entre pampa húmeda, yunga y chaco; en Paraguay se llegarán a deforestar 3,5 millones de hectáreas entre pantanal, mata atlántica y chaco; en Bolivia proyectan deforestar 1 millón 200 mil hectáreas en bosques tropicales y chaco.

Uno de los actores más importantes en este escenario de la soja son las organizaciones de conservación. Los datos fueron sacados de un estudio realizado por la WWF, para proponer un modelo que se llama "La Soja Sustentable". Si vemos las noticias que han aparecido en los últimos tiempos, hay otras organizaciones que también quieren tener un rol en esta obra. Por ejemplo encontramos a TNC (The Natural Conservancy) que es una corporación conservacionista, la más grande terrateniente del mundo. TNC tiene aproximadamente unos 40 millones de hectáreas compradas para conservación y está involucrada en modelos parecidos al de "La Soja Sustentable" de la WWF. También hemos encontrado información de una alianza entre Bunge y Conservación Internacional. Lo que producen este tipo de alianzas es un "blanqueo" de la imagen de las empresas, ayudándolas a desarrollar modelos sustentables y ecológicos en la producción de soja.

Los impactos del modelo de la soja son: deforestación de reservas naturales; reemplazos de otros cultivos; desplazamiento de pequeños productores; afectación y desplazamiento de comunidades indígenas; afectación a la soberanía alimentaria.

En Argentina, desde 1995 al 2004 la producción de soja ha crecido en un 135%, mientras que los agrocultivos han disminuido, en promedio, un 17%.

Otro de los problemas que produce la soja es el de los plaguicidas. Tenemos datos de que en el año 2000, en Argentina, las aplicaciones de glifosato se alzaban a 25.624.880 Kg. Con los diferentes modelos de siembra, tenemos un promedio de 2,3 aplicaciones por cada zafra. Estos números han ido ascendiendo en estos últimos años, como también han crecido los casos de muertes y contaminaciones físicas y ambientales por causa de los plaguicidas. Podemos recordar el caso del chiquito Silvino Talavera.

Ahora tenemos que ver quién se beneficia del cultivo de los transgénicos. Para ir de lo más micro a lo más grande, empecemos por los genes. Monsanto es el portador de la patente de la sojaRR. A nivel mundial, del área cultivada con transgénicos, Monsanto controla el 91% de la soja. Es importante mencionar que Monsanto no es la empresa que vende semillas, es solamente la dueña de la patente, lo que hace es patentar los genes para que otras empresas los utilicen.

Al momento, existe una fuerte disputa en todo el Cono Sur sobre el tema de la propiedad intelectual. Me refiero a que Monsanto quiere cobrar regalías que son ilegales, ya que ninguna legislación del Cono Sur reconoce el tipo de impuestos tecnológicos que esta corporación quiere cobrar. Si Monsanto lograse sus objetivos, la suma que Argentina debería pagar es de 500 millones de dólares, sin necesidad de que haya vendido una semilla, simplemente por el hecho de haber utilizado esos genes.

Siguiendo con lo que Adolfo mencionaba sobre la sociedad del conocimiento me gustaría preguntar: sabiendo que una semilla de soja tiene 30 mil genes, y Monsanto está poniendo sólo un gen (el RR), ¿qué pasará con el resto de los genes? ¿alguien le paga al Asia por el trabajo de domesticación y años adaptación de la semilla de soja a las necesidades locales?. Esto parece ser ignorado.

Luego de los genes tendríamos a las empresas de semillas. En el caso de Argentina, vemos que existen tres empresas que controlan gran parte del mercado de semillas: Nidera (de Holanda) y dos empresas argentinas.

Luego tenemos el negocio de los agrotóxicos. Antes de la roya de la soja, la empresa que más ganancias tenía con la venta de agrotóxicos era Syngenta, pero cuando aparece la roya de la soja, las ganancias de Bayer suben convirtiéndose en la primera transnacional de agrotóxicos a nivel mundial, en término de ventas, porque Bayer es la empresa que produce el funguicida que combate la roya.

Después tenemos las empresas involucradas en el procesamiento y la venta del grano de soja. Hay cuatro empresas que dominan este mercado en el Cono Sur: ADM, Cargill, Bunge y Louis Dreyfus. Juntas controlan el 78% de las exportaciones de trigo, el 79% de maíz, el 71% de harina de soja, el 95% de aceite de soja, y el 97% del aceite de girasol en Argentina.

En cuanto a la comercialización, tenemos a empresas como Cargill, Tufed y La Plata Cereales, que exportan el 75% de la soja en grano en el año 2003 en Argentina. Podremos encontrar cifras similares en otros países del Cono Sur. En el año 2002, ADM en Argentina manejó el 11% de las exportaciones de trigo y el 9% de maíz.

El almacenamiento de los granos también está a cargo de estas empresas. Vemos que en el año 2003, ADM empezó a construir cinco silos de almacenamiento en Brasil, en las zonas de mayor expansión de la soja, como Mato Grosso y Mato Grosso du Sul, los cuales se incorporan a la red de 80 silos que ADM tiene en Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina.

Imagen:Cono sur map.png

De la página web de ADM podemos leer que dicen que el sistema brasileño de elevadores de ADM es parte esencial de su red de procesamiento global, que conecta a las cosechas del área de producción, hasta sus plantas de procesamiento en Brasil, Europa y Asia. En cuanto a transportes, Cargill cuenta con cerca de 130 almacenes en Brasil, está negociando la compra de 80 vagones para transporte ferroviario, y quiere recuperar otros 150 vagones.

Esto nos vuelve a recordar que una de las características fundamentales de los agronegocios es que su funcionamiento es a nivel global, y que participan en todas las diferentes etapas de la cadena de los granos.

Luego tenemos la etapa de procesamiento de los granos en aceites, harinas y otros productos también está a cargo de estas empresas. Cargill tiene cinco unidades de procesamiento funcionando en Brasil, planea una nueva unidad en Río Verde, y tiene plantas similares en otros países.

El transporte fluvial, mediante los cuales se exporta la soja a Europa y Asia está a cargo de las mismas empresas. Este tipo de transporte se incrementó un 220% entre 1990 y 2003. Para facilitar la exportación fluvial se han promovido y construido hidrovías y otros puertos fluviales. Esto es parte del IIRSA, que es una iniciativa de los países de América del Sur financiados por el BID y por algunos bancos de América del Sur, básicamente con la intención de integrar los países para facilitar la explotación de recursos. En el caso del Cono Sur, está más ligado con la exportación de soja, en el caso de Centroamérica está más ligado con la exportación de petróleo, gas y minerales.

En Brasil se han planificado la construcción de 1000 Km. de hidrovías, y esto podría afectar 5 millones de hectáreas de bosques tropicales, territorios indígenas y tierras campesinas. Cargill dice en su sitio web "vamos a tener las hidrovías y los muelles siempre ocupados con barcos, y daremos unos 3000 empleos". Lo que no cuentan es que van a afectar a 5 millones de hectáreas.

El transporte marítimo, está a cargo de las mismas empresas, ya que ellas son exportadoras en el Cono Sur e importadoras en Europa. Tenemos, en este caso, que Monsanto está siguiendo un juicio a Cargill porque, como empresa importadora, no quiso pagar las regalías que éste exige por el uso de sus genes.

Otro paso en la cadena es el consumo. El principal uso de la soja es la industria de animales. Muchas veces nos dicen que los transgénicos son justificables porque van a alimentar al mundo hambriento, pero realmente a quien alimenta son a animales: el 50% de la producción de la soja va a la industria de los pollos, el 25% a los cerdos, el l5% a la carne de res, el 6% a la producción de leche, el 3% a mascotas y el 1% a otros usos. Es interesante ver cómo la soja ha cambiado la dieta alimenticia de muchas países del mundo, porque ha sustituido, por ejemplo, la carne de res o la carne de pescado, por el uso intensivo de la carne de pollo (alimentado con soja).

Por su parte, el negocio de los pollos termina en un pequeño grupo de empresas, encabezado por Tyson Food (es la mayor empresa de pollos del mundo y suministra aves a empresas como la KFC – Kentucky Fried Chicken).

La industria de alimentos es la que utiliza la carne y los pollos fabricados por empresas como la Tyson Food. Estas empresas tienen ganancias muy superiores a las ganancias de empresas semilleras, procesadoras de granos, o procesadoras de carne. Por ejemplo, sabemos que Nestlé tiene un ingreso anual de 54 mil millones de dólares, siendo una de las empresas alimenticias más grandes del mundo.

Siguiendo la cadena de los agronegocios, debemos hablar de los grandes cadenas de supermercados que venden y distribuyen los productos fabricados por corporaciones como Nestlé, Unilever, Knorr, Coca Cola, y otras. Los avances de estos gigantes de los alimentos, son aún más superiores de los de Nestlé. Por ejemplo, observamos que en el año 2004 Wal-mart tuvo ventas de 287 mil millones de dólares, mientras que en el año 2005 fue la empresa que obtuvo mayores ganancias entre todas las empresas del mundo.

Entonces, a pesar de los negocios millonarios de los grandes pules de siembra, lo que queda como ganancia del grano de soja es mínimo en comparación con el incremento que va teniendo esta ganancia a partir de la soja a medida que vamos subiendo en la cadena productiva.

Tenemos finalmente las elites locales que están concentradas en asociaciones de agronegocios especialmente en Argentina y Brasil, y ellos también están intentando integrar a todo el sistema productivo tal como lo hacen las trasnacionales, un ejemplo de estos casos de los grupos Grobo y Maggi.

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Killing fields

Killing fields: the global push for hybrid rice continues


The seed industry will do whatever it takes to stop farmers saving seeds. The only way it can make big money from seeds is to force farmers to buy from seed companies every year. With rice, one of the world’s most important crops, it is no wonder that there is a relentless push for a hybrid variety that is essentially sterile. [1] Suicide seeds, so to speak. Of course, the seed industry wants people to believe that there are other reasons behind the push for hybrid rice. They talk of higher yields and big profits for farmers. But if you look at the situation in the fields, none of that turns out to be true.

In 2005, GRAIN released a report [2] documenting the dismal performance of hybrid rice in Asia. Despite the promises of higher yields, hybrid rice was largely a fiasco in the field. The only country that was said to be reaping success from it was China, the birthplace of the hybrid rice “miracle”. Because what was happening in China seemed to be different, we decided to go there in 2006 to hear from the farmers on the ground. [3] Their stories confirmed our suspicions about the country’s reported successes. A wide gap existed between the yield projections made by scientists in the laboratory and farmers’ experiences in the field. Some farmers reported no increase at all in yields and, in areas where there were rises, they were modest and owed much to the liberal use of chemical fertilisers and pesticides and steady irrigation. The Chinese peasants we met told us that after three decades of hybrid rice development they were as poor as ever.

In some Asian countries where farmers are still growing hybrid rice, it is often only because of government programmes that heavily subsidise it or, as in the case of China and Burma, that leave farmers no other option. Even the World Bank, a long-time supporter of hybrid rice through its funding of the International Rice Research Institute (IRRI), has begun to see how such programmes “distort” rice farming. In a report published earlier this year, it slammed the Philippine government’s subsidy on hybrid rice as a major waste of public resources. [4] Yet governments continue unperturbed with their ambitious projects to promote hybrid rice. In Asia and Africa, it is hailed as key to meeting the millennium development goal of food security. Packed within broad co-operation agreements that include oil exploration or agrofuel production, it is also seen as an important component of addressing the impending energy crisis. Developing countries are not the only ones rolling out the carpet for hybrid rice. Field trials are under way in Spain and Italy, [5] and in other European countries through Medrice, the UN Food and Agriculture Organisation’s (FAO) Inter-Regional Co-operative Research Network on Rice in the Mediterranean Climate Areas.



The threat continues …

The ghost of the Green Revolution’s high yielding varieties (HYVs) might have long faded from collective memory, but the fear of famine remains for many as unsettling as a poltergeist. On IRRI’s website, there is a little counter constantly calculating the ratio between global population (always increasing) and hectarage of arable land (always decreasing). It must frighten many people. Yet at any given point, one can do a simple mathematical computation and find that there would be more than enough land on which to grow rice, if important resources like land and seeds were equitably distributed. For itself, IRRI sits on a 300-hectare campus, houses 100,000 rice cultivars, and comes up with one or two hybrid rice lines once in a while that make no impact on farmers. When will this craziness stop?

The same can be said of hybrid rice itself. The main argument for developing hybrid rice has always been that the increased demand for food, especially given the rate at which global population is increasing, will have to be met with less land, less water, less labour, and less pesticide. It is, however, precisely in these conditions that hybrid rice performs worst, as is shown by the experience of almost every country that has tried to grow it. As we’ve also learned from different country programmes, the subsidies that governments pay, out of taxpayers’ money, just to get a hybrid rice programme up and running go more or less straight into the coffers of seed and agrochemicals companies. Yet governments still want to keep the money flowing for hybrid rice …

The threat that hybrid rice is posing to farmers’ agricultural biodiversity is no longer confined to genetic erosion. Many of the companies involved in this current hybrid rice explosion are also developing GM rice, and are involved in various incidents of contamination. They are taking control of the rapidly changing seed system. This undermines farmers’ livelihoods and food sovereignty, and eats at the very core of sustainable farming.

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Time for a fresh start on GM
The Independent on Sunday, 28 October 2007

One of Gordon Brown's many chances for a fresh start, after the high-pitched certainties of his predecessor, is the Government's policy on genetically modified food. In truth, the battle is already over. Those who urged caution, including this newspaper which launched a campaign against GM food in 1999, have won. Those who advocated a rush towards the white heat of a biotechnological future, including Tony Blair, have lost. What is required now is for Mr Brown to accept that outcome and to take the debate on to more level ground.

When we began our campaign, 60 per cent of the food on British supermarket shelves contained GM ingredients. Today there are only two products. Public opinion has spoken and the market has responded. Few people want to eat GM. They have made up their minds even though its safety is still in dispute, with little firm evidence on either side of the argument. And there are other reasons for opposing the growing of GM crops – the loss of biodiversity shown by the Government's trials and the likelihood that genes will escape to contaminate organic and conventional produce. In the absence of a compelling argument to set against these important drawbacks we think that British consumers have made the right choice. If we do not need it, why have it?

That logic has killed off GM as a commercial proposition in this country and most of the rest of Europe for the foreseeable future. When our campaign began, it was widely assumed that consultation and trials were a formality, that GM crops would soon be planted all over Britain and that protests were futile. Mr Blair was enthusiastic about the possibilities, and how Britain could take a leading role on this frontier of human knowledge. Since then, that frontier has become a less exciting place. The hype of 'feeding the world', or 'super-crops' that do not need weedkiller or pesticides, has given way to a more complex and prosaic reality.

Crops with higher yields have proved harder to engineer than hoped and tend to be overtaken by gains in the traditional technology of selective breeding. And instead of developing crops that might help the world, the biotech companies have concentrated on ones that benefit only their own bottom lines, for example by having to be cultivated with their own proprietary pesticides

So: people do not want it; the great predicted benefits have failed to materialise; the GM juggernaut has stalled. Campaigners for GM have not given up, however. Dick Taverne, a member of the House of Lords Science and Technology Committee, writes (again) in next month's Prospect about how 'moralising' about GM in the West is costing millions of lives in the poor world. But his argument is unconvincing. Development charities, who know better than most how things work in the often complex Third World grassroots, oppose the technology because it increases, rather than reduces, hunger.

Yet the Blairite mission seems to be carried on by inertia, even after the former Prime Minister and David Sainsbury, his science minister and biotech cheerleader, have gone. As we report today, public funding is still skewed in favour of this one vision of the future of food. Funding for research into GM science seems to be about 20 times that devoted to organic methods. Yet people want organic not GM food, while the emphasis of policy in other parts of the Government machine is on biodiversity and environmental sustainability. (This month the Treasury even published targets for 'wild breeding bird populations' and 'plankton status'.)

What is more, the secrecy with which the Government treats GM policy bears all the defensive hallmarks of the Blair period, when public policy was bent to promoting an unpopular cause on the quiet in the hope that opinion would turn. Geoffrey Lean, our Environment Editor, describes today how difficult it proves to obtain what ought to have been straightforward information on spending on GM research.

Mr Brown has the chance to be more open; to balance policy so that, at the very least, it is more even-handed between GM and organic. And he has the chance to move the debate about the future of biotechnology on to a sounder footing. We are not opposed to genetic manipulation on principle. We do not share Prince Charles's view that it is interfering in matters that are the province of God. If GM technology was really designed to help to feed the world, or produce drought-resistant or salt-resistant crops to help humankind adapt to global warming, then there would be reason to welcome it.

But this has to be subject to transparent assessment of all the environmental impacts, including on human health, without the Government seeking to pick winners and advocating any particular technological fix – especially one that the people of the country reject so overwhelmingly.

La soja mata

About La Soja Mata - Soy Kills

La Soja Mata provides information about the direct impacts of large scale monocultures, specifically soy, on people's lives and the environment.

This site is made by Urska Merc (design), Antje Lorch (technical support), An Maeyens (ASEED Europe) and Nina Holland (Corporate Europe Observatory). With thanks to and many others. This site also publishes articles and publications by others, which is always clearly indicated. This site operates on an anti-copyright basis, i.e. we encourage wide and non-commercial use of the information, but request that the source is mentioned.

Why La Soja Mata?
The public in 'consumer countries' have by now been extensively informed that the advance of soy plantations causes massive destruction of ecosystems, such as rainforests and savannahs, in countries like Argentina and Brazil. However, the scale and speed with which land is taken over by the production of these crops, driven by a growing demand, is making many more victims: local communities are driven out, farmers loose their crops because of intensive use of the herbicide Roundup on RoundupReady soy, and this also causes health problems on a scale that many do not realise. In addition, soils degrade and water levels go down, deforestation changes regional climate patterns. Soy plantations do not generate jobs, so there is a continuous flow of people migrating to the city slums or abroad. If people disappear, so does the market for many other small scale economic activities. Small scale agriculture harbours both agricultural and natural biodiversity - moncultures don't.

GM soy field

GM soy field

Resistance in producer countries is growing. La Soja Mata provides information in English, and hopefully other languages, about campaigns carried by farmers, landless people, rural and urban communities, against the take over of their surroundings by (RoundupReady) soy plantations.

Of course, other commodities generate similar problems. While sugar cane plantations generate more work, labour conditions are often outright appalling. In areas where oil palm plantations are planned, like Indonesia or Colombia, similar land conflicts and human rights abuses occur as in the context of soy. Pine or eucalypt tree plantations are equally notorious examples, sucking up water supplies in addition to all the problems mentioned before.

The second area of emphasis is the controversy around NGO-agribusiness initiatives working to make commodity producion more 'sustainable' or responsible'. Because: to what extend can certification address the expansion of monocultures? How do you reconcile the conflicting interests between agribusiness and big land owners on the one hand, and local communities of indigenous peoples, farmers and landless people on the other? Who, in the end, decides what is sustainable?

The most criticised in this respect is the Round Table on Responsible Soy (RTRS), started by World Wildlife Fund (WWF). The RTRS is formed by some NGOs, industry, governments and soy producers, to establish criteria to make soy production more 'responsible'. This initiative has caused strong opposition from civil society movements in all major production countries of soy: Paraguay, Argentina and Brazil.

This debate will become ever more important, now that the EU is preparing 'sustainability criteria' for biofuels, now preferably called agrofuels. Agrofuels is a new market for commodities like soy, sugar cane and palmoil, driven by support measures and policies of Northern and Southern governments.

So far without any meaningful input from civil society organisations in the South, some EU member states have embarked upon projects to develop such criteria, as it is acknowledged that the large scale production of agrofuels will create huge problems. At the same time however, it is recognised that no set of criteria can address problems playing at macro-level, including indirect drive of deforestation (the demand for 'sustainable' agrofuels pushes other production to elsewhere), rising food prices and competition of land uses. It is even claimed by the EU that agrofuels will bring rural development and will 'put money in the pockets of the poor'. The European Commission itself, about to come out with new agrofuel policy, is not intending to introduce 'sustainability' guarantees for agrofuels; including social criteria, for example, would be incompatible with WTO rules.

In the South, farmers organisations, social movements and NGOs have been very clear in their rejection of the Round Table on Responsible Soy, because they see the 'agro-export model of soy' as direct in conflict with their own demands for land reform, agrobiodiversity, rights to reuse seeds, and food sovereignty. There is a war between the two models, often literally involving violence.

La Soja Mata aims to support campaigns against this soy model, like the one of Silvino Talavera and the Movimiento Agrario y Popular (MAP) in Paraguay, by making information about them available and accessible.

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domingo, octubre 28, 2007

More on hybrid rice

Indonesia: More hype than hope on hybrid rice

Posted: 26 October 2007

by Biotani and GRAIN

Last week a war of words erupted in the pages of the Jakarta Post over the Indonesia government's controversial programme to promote hybrid rice in the country. On one side, Riza Tjahjadi of the NGO Biotani Indonesia called on the government to stop the programme, warning that it would lead farmers into debt and dependency and could unleash a suicide phenomenon akin to that which struck farmers in India when Bt cotton was introduced on a large-scale. On the other side, Babay Chalimi, President of leading hybrid rice seed company Sumber Alam Sutra, dismissed Riza's concerns, saying that their hybrid rice varieties could yield 15 tonnes per hectare and would bring the country to self-sufficiency in rice. He scolded NGOs for criticising and not providing solutions.

But if anyone has something to prove, it should be the backers of the programme. Already, with the programme only at the testing stage, problems are emerging. On October 6, 2007, staff from Biotani visited farmers from the village of Dusun Karang Duwet, about 25 km south of Yogyakarta City.


One of the farmers groups there, Ngupoyo Bogo, which is known for the quality of its farming, was selected to receive subsidised hybrid rice seeds as part of the government's hybrid rice programme. In July the farmers were invited to participate in a meeting led by a local extension officer who told them that the rice could attain yields of 11 tonnes per hectare and promised to provide the necessary technical support. The farmers decided to devote seven precious hectares of their lands to the hybrid varieties and were supplied with seed of Sumber Alam Sutra's Bernas Super variety.

The farmers had some difficulties following the technical guidelines when it came to transplanting the seedlings. With labour shortages in the area, some of the seedlings were transplanted 20 days after sowing as opposed to the 15 days recommended by the extension officer. Many farmers also ended up transplanting three seedlings into a single hole instead of just transplanting one. Yet, by and large, the advice of the extension officer was followed, and what happened next was completely unexpected.

In the last week or so of September, about 50 to 60 days after sowing, their crop was abruptly ravaged by pests and diseases. Unfortunately many farmers in the area do not have knowledge about these pests and diseases and thus were reliant on what the extension officer would have to say. Thinking it might be a virus, the extension officer, suggested they dry the field. This did nothing. Then, on October 3 they were told to spray fungicide but this didn't have any effect either except that much of the standing crop died. The farmers, in the end, felt they had no choice but to uproot the crops. Later, Biotani staff identified black bug and leafroller/leaffolder in the farmers' fields.

"I am very ashamed," said Hardo, one of the farmers. "Why are farmers being tested like guinea pigs?"

"The extension worker cannot even give the right solution," he said with indignation. "We are like a lottery as the government tests its variety."

Another farmer, Kasim, questions the quality of the hybrid rice variety. "My wife had advised me not to grow hybrid rice since the market of this rice is still not clear," he told Biotani. He also said that his wife reminded him that the seeds of hybrid rice varieties are difficult to mill, and less tasty when cooked.

Transplanting too deep into soil infested with black bug and leaf-roller.
Insert: "Have a look ... This is a brown plant-hopper," hybrid rice farmer, Marsudi Raharjo, Village of Dusun Karang Duwet.

Both the government and the seed industry are well aware of the susceptibility of hybrid rice to diseases and pests. In the decrees authorising the 31 hybrid rice varieties approved for commercialisation in the country, all are listed as having, to various degrees, susceptibility to brown planthopper, tungro, and bacterial leaf blight.

In an interview with Biotani, a representative of the state-owned company, Sang Hyang Seri, which is the local supplier for SL Agritech's notorious varieties, acknowledged the difficulties in planting Chinese hybrid rice varieties in a tropical country like Indonesia. "Without mastering technology and applying special protection, farmers may get disappointed," he said. He told Biotani that in the province of Central Jawa farmers have burnt their fields because the yields were far lower than what they were promised.

In the next season, the government intends to ramp up the programme to cover around 120,000 hectares. If it does, many more fields are sure to go up in smoke.

For more information, see the report "Hybrid rice in Indonesia: too ambitious!" by Biotani Indonesia which will be available soon on its website [].

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ArborGen: la mayor empresa mundial de investigación en árboles transgénicos proyecta seguir creciendo

En agosto de 2007 la empresa ArborGen firmó un acuerdo que acorta peligrosamente la distancia entre la realidad y su objetivo declarado de llegar a ser “el actor preeminente en el desarrollo y la comercialización globales de árboles de ingeniería genética para la industria forestal”.

Cuando empiece a regir este contrato de US$ 60 millones, ArborGen quedará a cargo del negocio de viveros y huertos de semillas de tres propietarios: MeadWestvaco e International Paper en EEEUU y Rubicon Limited en Nueva Zelanda y Australia. De ese modo ArborGen se convertirá en el mayor productor mundial de plantines de árboles, con operaciones en 20 lugares distribuidos en cuatro países. ArborGen calcula las ventas anuales combinadas en 350 millones de arbolitos, lo que le reportaría unos US$ 25 millones por año. Hasta ahora los árboles transgénicos de ArborGen no están disponibles en el mercado, pero cuando empiecen a venderse este acuerdo proporcionará a la empresa un mercado que ya existe y es enorme.

Horizon2, que hoy pertenece a Rubicon, pasará a ser parte de ArborGen en virtud de este acuerdo. Horizon2 produce plantines de árboles para la industria de las plantaciones en Australia y Nueva Zelanda. Esta empresa investiga también eucaliptos y pinos radiata transgénicos con el objetivo de producir árboles con menos lignina, crecimiento más rápido, resistencia a insectos, tolerancia al estrés y floración alterada.

ArborGen ha firmado, también en Nueva Zelanda, un acuerdo de investigación y desarrollo con Scion, organización estatal de investigación forestal. El objeto de la investigación es la identificación de los genes responsables del crecimiento más rápido y otras características de interés para la industria de las plantaciones.

Luke Moriarty, director ejecutivo de Rubicon, percibe el mercado potencial como en perpetua expansión. “Las ventas anuales por unidad de plantines para la forestación ascienden a miles de millones, se repiten año tras año y abarcan todo el planeta”, dijo Moriarty a los accionistas de Rubicon en julio de 2005. Lo que es más, hasta el momento ArborGen tiene copado el mercado de árboles transgénicos. “Arborgen no tiene competidores mundiales en esta esfera”, dice Moriarty

ArborGen espera lucrar con la moda de los biocombustibles y este año se expandió para incluirlos en sus investigaciones. “La energía renovable puede crear nuevos mercados para los productos verdes”, declaró Barbara Wells, directora ejecutiva de ArborGen. Esta empresa es uno de los socios del BioEnergy Science Center, un proyecto de US$ 125 millones financiado por el gobierno de Estados Unidos y encabezado por el laboratorio Oak Ridge National Laboratory.

La empresa anticipa que sus árboles transgénicos con contenido reducido de lignina serán su “primer producto arbóreo “de la próxima generación” que se comercializará”. Los árboles con menos lignina son más fáciles de convertir en celulosa. Pero la lignina es lo que conserva unidas las células de la madera. Es lo que hace que los árboles se mantengan verticales. Reducir la cantidad de lignina de los árboles hace que éstos sean más vulnerables a las tormentas y aumenta su riesgo de contraer enfermedades, hongos y plagas.

Actualmente ArborGen está realizando ensayos a campo de árboles con contenido reducido de lignina en Brasil. La empresa estableció operaciones en Campinas, estado de San Pablo, hace tres años. Empezó sus ensayos de árboles transgénicos en Brasil en 2005 y este año obtuvo la aprobación de la autoridad reguladora brasileña (CTN-Bio) para llevar a cabo un segundo ensayo a campo con rotación completa de eucaliptos transgénicos.

Hasta ahora la empresa no está autorizada a vender sus árboles transgénicos en Brasil. “Hemos presentado todos los formularios exigidos y cumplido las directrices del gobierno para los ensayos. La información de dichos ensayos se usará para obtener la autorización necesaria para el uso comercial”, dijo a RISI, un sitio en internet sobre la industria forestal, el director de ArborGen para Sudamérica, Fabio Brun, en mayo de 2007. Según RISI, ArborGen está trabajando en sociedad con “algunas de las mayores empresas de productos forestales de la región”.

ArborGen también está investigando en eucaliptos transgénicos resistentes al frío con la esperanza de obtener una fuente de materia prima para la industria de la pulpa y el papel del sur de Estados Unidos. Este mismo año ArborGen obtuvo una controvertida aprobación de la autoridad reguladora estadounidense (el Servicio de inspección sanitaria y fitosanitaria, APHIS) para un ensayo a campo con rotación completa en el condado de Baldwin, Alabama. APHIS decidió que el ensayo “no tendrá un impacto significativo” y que ArborGen ni siquiera necesita elaborar una declaración de impacto ambiental.

En diciembre de 2005 Rubicon declaró que “ArborGen ha mantenido un contacto activo con las autoridades tanto brasileñas como estadounidenses para garantizar que se entienda bien todo lo relacionado con el lanzamiento de productos biotecnológicos para plantaciones forestales y que el régimen regulatorio que se instrumente se fundamente en la ciencia y funcione en la práctica”.

La cálida relación de ArborGen con las autoridades reguladoras parece estar dando frutos. Los peritos a los que APHIS recurre para asesorarse sobre los riesgos de tales ensayos son científicos forestales que trabajan en el medio académico o en empresas de la pulpa y el papel. APHIS incluso solicitó asesoramiento a científicos que trabajan para dos empresas que son propiedad de ArborGen: International Paper y MeadWestvaco. Todos estos peritos tienen algo en común: interés en que los ensayos de árboles transgénicos sigan adelante. No sorprende entonces que en sus consejos a APHIS se desestimen los riesgos y no se mencione el principio de precaución.

Por Chris Lang,

Tomado de:

Boletín Mensual del Movimiento Mundial por los Bosques

Este boletín también está disponible en inglés, francés y portugués

Editor: Ricardo Carrere

Movimiento Mundial por los Bosques

Maldonado 1858 - 11200 Montevideo - Uruguay
tel: 598 2 413 2989 / fax: 598 2 410 0985

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sábado, octubre 27, 2007

Syngenta: milicias privadas y asesinatos

La Jornada, México, 27 de octubre 2007

Syngenta: milicias privadas y asesinatos

Silvia Ribeiro*

El pasado 21 de octubre, una milicia armada contratada por la trasnacional de transgénicos Syngenta, invadió el campamento Terra Livre en Paraná, Brasil, matando de dos tiros a quemarropa a Valmir Mota de Oliveira, conocido como Keno, militante del Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST), de 34 años, padre de tres hijos. Además hirió gravemente a otras personas del mismo movimiento.

Como lo expresa el MST, "Keno era uno entre centenares de militantes de la Vía Campesina que hace más de un año, hicieron públicos para Brasil y el mundo, los crímenes ambientales de Syngenta", cosa que la trasnacional no podía dejar pasar.

En marzo del 2006, al mismo tiempo que se reunía en Paraná el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas y su Protocolo Internacional de Bioseguridad -que regula los movimientos transfronterizos de transgénicos-, Vía Campesina Brasil ocupó los campos experimentales de transgénicos de Syngenta en Santa Teresa do Oeste, ilegales por estar en el área de amortiguamiento del Parque Nacional de Iguazú que alberga las famosas cataratas de mismo nombre.

Según la ley de bioseguridad en Brasil, estaba prohibido sembrar transgénicos en una extensión de 10 kilómetros de un área natural protegida. Gracias a la notoriedad de la ocupación y a la denuncia de las organizaciones sociales, la autoridad ambiental, IBAMA, sentenció a Syngenta a pagar una multa de 500 mil dólares, cosa que la multinacional nunca efectuó. Más tarde, el gobierno de Lula da Silva cambió la ley, reduciendo el área de amortiguamiento a solamente 500 metros. Syngenta aprovechó el favor que le hizo Lula para apelar el pago. No existe aún sentencia definitiva en el caso.

Para el MST y la Vía Campesina, la ocupación del campo experimental es una denuncia por la impunidad con que se manejan las multinacionales de los agronegocios, invadiendo zonas naturales únicas como el Parque Iguazú, con transgénicos y uso intensivo de agrotóxicos. Pero además, el campo experimental de Syngenta es vecino de un asentamiento del MST que ya estaba allí anteriormente, colocando en alto riesgo de contaminación transgénica a sus variedades criollas de maíz.

La propuesta de Vía Campesina, desde el comienzo de la ocupación, fue transformar el campo contaminante de Syngenta en un centro de investigación y producción de semillas agroecológicas, con variedades campesinas, accesibles a todos y sin patentes.

En función de esto, en noviembre de 2006, el gobernador del estado de Paraná, Roberto Requiao, emitió un decreto para desapropiar el área del campo de Syngenta y establecer un Centro Paranense de Referencia en Agroecología. Syngenta se amparó frente a la justicia del Estado -dominada por los grandes latifundistas- y consiguió más tarde una suspensión provisoria del decreto y el derecho de reintegración del área.

Frente a un orden judicial de desalojo y en un clima de amenazas y violencia por parte de matones y guardias de seguridad contratados por la empresa Syngenta, las 70 familias que estaban ocupando, decidieron abandonar el área en julio de 2007, y trasladarse al asentamiento vecino Olga Benário, en espera de la resolución definitiva.

En octubre, volvieron a ocupar el campo -obviamente sin armas- para retomar sus actividades a favor de las semillas criollas y la agroecología, como una medida de presión para una resolución legal del conflicto. Es en este momento, cuando fueron atacados salvajemente, con armas de fuego disparadas directamente contra la gente, por la empresa de seguridad NF contratada por Syngenta.

La transnacional admite que contrató a NF, pero no se responsabiliza por el uso de armas, que es ilegal. Sin embargo, la organización Terra de Direitos explica que desde septiembre presentaron una denuncia legal a la Policia Federal y a Syngenta, de que la empresa de seguridad NF estaba usando armas de fuego. La policía detuvo incluso a una mujer dueña de la empresa, por tenencia ilegal de armas. Syngenta, enterada de todo esto, siguió con el contrato y ordenó el ataque asesino, con pleno conocimiento de la situación.

Terra de Direitos denuncia también que dos militantes del MST, Celso Barbosa y Celia Lourenco, están amenazados de muerte y fueron perseguidos por los mismos pistoleros, y que la situación de violencia y amenaza en la región es grave, debido a la escalada de violencia que han tomado la guardia armada contratada por Syngenta y latifundistas de la región. Ya en diciembre pasado, en una agresión organizada por los grandes propietarios rurales contra militantes del MST en la localidad de Cascavel, en Paraná, los agredidos reconocieron a funcionarios de Syngenta. El 20 de julio, la guardia contratada por Syngenta invadió, fuertemente armada, el asentamiento Olga Benário, amenazando directamente a varias personas y descargando finalmente sus armas contra una bandera del MST, todo lo cual consta en una denuncia policial.

El MST, Vía Campesina y Terra de Direitos, junto a decenas de organizaciones sociales, ambientales y de derechos humanos en Brasil condenan los hechos y exigen que se responsabilice a Syngenta por este asesinato, que la multinacional de transgénicos pague sus culpas ambientales y sociales, entregue el campo experimental y abandone el país. Demandas justas que merecen el apoyo de todos, así como el profundo reconocimiento y solidaridad a los movimientos en Brasil, por mostrar al mundo los crímenes ambientales y humanos que cometen los que promueven los transgénicos y pretenden monopolizar las semillas, la tierra y el agua.

*Investigadora del Grupo ETC

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viernes, octubre 26, 2007


Apoyo a lucha contra transgénicos en Kenia

Organizaciones amigas de Kenia nos han contactado pidiéndonos apoyo internacional en oposición a una Ley de Bioseguridad que abriría las puertas de Kenia a los transgénicos. Guiados por la Red Africana de Bienestar Animal (Africa Animal Welfare Network) y la Coalición por la Biodiversidad de Kenia (Kenya Biodiversity Coalition), hemos redactado una carta en tal sentido dirigida al Presidente de Kenia, que los invitamos a firmar en apoyo y solidaridad con l@s compañer@s que están luchando contra los transgénicos en Kenia

Básicamente, la Ley de Bioseguridad propuesta crea una estructura muy débil para la regulación de los transgénicos en ese país, que está muy sesgada hacia la autorización de nuevos eventos transgénicos y el "manejo de los riesgos" que supone su introducción. La carta exhorta al Presidente a negarle su apoyo a esa Ley de Bioseguridad y a que se reexamine el tema de manera más cautelosa.

La Coalición por la Biodiversidad en Kenia obtuvo ayer una victoria al haberse disuelto el Parlamento con motivo de la celebración de las elecciones presidenciales. Si bien eso significa que la polémica Ley de Bioseguridad que promueve los transgénicos no será aprobada este año, la lucha está lejos de haber terminado. Ese proyecto de Ley volverá a ser introducido en enero de 2008 para aprobación parlamentaria. L@s compañer@s en Kenia utilizarán esta carta al Presidente con nuestras adhesiones como una herramienta organizativa de preparación para la reintroducción del proyecto de ley el próximo año –por ejemplo, publicándola en los periódicos y medios locales.

Por favor envíen la adhesión de sus organizaciones a esta carta, a Sarah Alexandera más tardar el 14 de noviembre.

Ver aquí por información adicional sobre la polémica en torno al proyecto de Ley de Bioseguridad.

Abajo encontrarán la carta al Presidente de Kenia.

Gracias por su apoyo,

Sarah Alexander
Food&Water WatchSenior Food Organizer
Food & Water Watch

1400 16th Street NW, Suite 225
Washington, DC 20036
(202) 797-6555
Octubre 26, 2007


Honorable Excelencia, Sr. Mwai Kibaki
Presidente de la República de Kenia
Oficina del Presidente, Harambee House
P.O. Box 30510

Su Excelencia,

Las organizaciones abajo firmantes representamos a una amplia gama de sectores sociales en todo el mundo, y nos dirigimos a usted para pedirle que se oponga a la futura aprobación de cualquier legislación basada en el proyecto de Ley de Bioseguridad de 2007. Este proyecto que habría abierto las puertas de Kenia a los organismos genéticamente modificados (OGM o transgénicos), no contempla cláusulas de seguridad adecuadas ni una autoridad regulatoria que maneje –o siquiera considere exhaustivamente—los riesgos muy reales que implica esta polémica tecnología.

Un número creciente de estudios demuestran que los cultivos transgénicos pueden constituir graves riesgos para los seres humanos, los animales de cría, la flora y la fauna silvestres y el medioambiente. Los efectos sobre la salud humana pueden incluir, entre otros, mayores riegos de toxicidad, alergias, resistencia a los antibióticos, inhibición del sistema inmune y cáncer. Los cultivos transgénicos implican un riesgo potencial de contaminación de los cultivos convencionales y otras plantas. De otra parte, la aplicación de patentes y el cobro de derechos de licencia para los cultivos transgénicos altera la estructura agraria y de dominio de la agricultura poniendo en desventaja a los pequeños agricultores independientes, que quedan sometidos a las empresas de agronegocios que controlan los mercados de semillas.

Además de los riegos que en conjunto representan los cultivos transgénicos, la Ley de Bioseguridad que estuvo a consideración del Parlamento este año incluye varias disposiciones inquietantes.

No se atiene al principio precautorio: La ley propuesta no refleja el espíritu del Principio Precautorio. El principio precautorio es un componente esencial del concepto de bioseguridad que le da el nombre a la ley. Pero en lugar de incorporar el precepto de que no se deben adoptar nuevas tecnologías hasta que no se haya probado que son seguras e inocuas, el enfoque de la ley está puesto en el manejo de los riesgos que suponen los transgénicos. Un abordaje más adecuado del asunto exigiría en cambio una evaluación exhaustiva que determine si realmente es necesario asumir esos riesgos.

Se basa en la experiencia de otros países: La ley propuesta establece como precedente y fundamento justificativo para la aprobación de transgénicos en Kenia, la experiencia que ya existe con los OGM en otros países. Este enfoque hace caso omiso del hecho que el comportamiento de los transgénicos o cualquier otra tecnología viva es distinto en cada región, y por consiguiente, que debería ser evaluado en ese contexto. Descansarse en que los transgénicos ya han sido aprobados en otras partes significa ignorar los daños potenciales que podría acarrear la adopción de una tecnología con impactos tan profundos en la estructura agraria y de dominio de la agricultura, sobre el medioambiente y la biodiversidad locales, las semillas autóctonas, la seguridad alimentaria y otros factores socioeconómicos y culturales.

Estructura regulatoria defectuosa: La ley propuesta crearía una nueva Autoridad Nacional de Bioseguridad orientada a la aprobación y fomento de los transgénicos, en lugar que dedicada a evaluarlos minuciosamente y regularlos. La Autoridad Nacional de Bioseguridad crearía una agencia encargada tanto de la investigación como del desarrollo de esta tecnología, que además sería responsable de reglamentar su uso seguro. Eso implica un conflicto intrínseco de intereses que pondría inevitablemente en tela de juicio la capacidad del organismo para actuar independientemente en defensa de la población. Ese conflicto de intereses socava la posibilidad de cerrarle las puertas al ingreso de tecnologías riesgosas.

Falta participación pública:El proceso para la aprobación de nuevos eventos transgénicos que establece la ley propuesta padece gravemente de falta de participación pública. Aunque el uso de OGM afectará la vida de todos los habitantes de Kenia, el proceso de autorización previsto por la ley no incluye disposiciones que garanticen el derecho de acceso público a la información sobre los nuevos eventos transgénicos que se propone aprobar –la única posibilidad de intervención pública es cuando se trata de liberaciones al ambiente, quedando ésta descartada para otros tipos de permisos.

Lo exhortamos a que tenga en cuenta lo que ha ocurrido en países como Estados Unidos donde ya se han aprobado transgénicos. Las normas laxas y el sesgo proclive a la aprobación de nuevos eventos transgénicos sin consideración adecuada de los riesgos, no han obrado en beneficio de los agricultores, los consumidores y el medioambiente estadounidenses. El ejemplo más reciente del fracaso del sistema regulatorio de Estados Unidos para los transgénicos, fue la contaminación generalizada de las existencias de arroz estadounidense con una variedad transgénica no autorizada, y la consiguiente incapacidad del gobierno para imponerle acciones a la empresa responsable. La contaminación les trastornó la siembra y las ventas de arroz a los cultivadores del grano en todo el país, y significó una pérdida de mercados de exportación para el arroz estadounidense. Kenia tiene ahora la oportunidad de no repetir los mismos errores cometidos en Estados Unidos en lo que hace a la regulación de esta tecnología.

Por todos estos motivos, lo exhortamos a rechazar la introducción de transgénicos a Kenia y a negarle su apoyo a cualquier legislación futura que esté basada en este proyecto de Ley de Bioseguridad de 2007.


Food & Water Watch
(+ sus firmas de adhesión)